Tomo 2 - Chi no Shô ("Capítulo de Sangre")

 

Sumario:

 

- Ekhidna - página 11.

 

- Coma - página 31.

 

- Sangre - página 83.

 

- Cronos - página 131.

 

- Deus Ex Machina - página 193.

 

La gran batalla contra los Gigantes llega a su final.

 

Gigantomaquia - Capítulo de sangre.

 

Los Saints que se habían desplazado hasta el Monte Etna están reunidos con Athena en el Santuario de Grecia.

 

Ellos habían vivido muchas aventuras: secuestros, luchas contra monstruos mitológicos y hasta uno de los héroes fue dominado por el enemigo. En esta historia tendremos revelaciones como el nombre del maestro de Mei, uno de los Gold Saints, la llegada de un amigo y la salvadora aparición de un poderoso aliado. Además, son libradas batallas aún más devastadoras mostrando la verdadera razón de esta nueva Gigantomaquia.

 

La historia clásica de Masami Kurumada jamás será la misma después del final de esta historia de sangre.

 

Resumen del libro anterior, "Gigantomaquia - Capítulo de Mei":

 

En la primera parte de la historia fuimos testigos de la reaparición de los Gigas, gigantes malignos que habían sido aprisionados por Athena en las profundidades de Sicilia, en el distante pasado de las leyendas mitológicas.

 

Después de conseguir escapar de alguna forma, en nuestros días, los Gigas secuestran al Saint femenino Yulij. Seiya y Shun reciben la misión de rescatarla, recibiendo el deber también de verificar la integridad del sello de Athena. Su hermano Mei, actuando ahora como uno de los agentes secretos del Santuario, es escogido para guiarlos en esa aventura hacia Sicilia.

 

Pero la Mente de Mei había sido dominada por la “voluntad” de Typhon, el más poderoso de los Gigas. Aunque se había transformado en una especie de marioneta por esa influencia maligna, Mei consigue reunir fuerzas para arrepentirse de la traición, consciente del hecho de que su debilidad posibilitó la resurrección de los Gigas.

 

Al borde de la muerte, Mei es salvado por el grandioso amor de Athena, recibiendo un Cloth de Saint, el Traje Sagrado de Coma, que pasa a ser su constelación protectora. Para Mei, ese es el comienzo de la guerra contra su destino, escrito en las estrellas desde los tiempos mitológicos. Mientras tanto, Typhon, resucitado, deja atrás a sus oponentes...

 

-Ekhidna-

 

Santuario.

 

Vemos dos figuras al fondo de los Aposentos del Pontífice: una dama joven y un muchacho.

 

-¿Consigues verme, Mei?

 

-Saori... -el joven de cabellos plateados está echado en una cama y despierta lentamente. De pie delante de él está una doncella de belleza sin igual: la joven encarnación de la diosa Athena-. ¿Yo... estaba dormido? -pregunta Mei, percibiendo que viste una túnica de tejido suave.

 

El nuevo guerrero de Athena ya no está más con fiebre, ni sudando, y en su cuerpo no se percibe ninguna señal de marcas de las garras del Giga Typhon. Sobrevivió al ataque, más su rostro pálido y sin color le dan una apariencia de una persona muy enferma.

 

-Dormiste más de diez días -explica la diosa, como si contase a un náufrago cuanto tiempo estuvo lejos de casa.

 

Mei recuerda la batalla librada en Sicilia contra los Gigas, gigantes mitológicos de tiempos inmemoriales, pero le cuesta recordar los detalles. De a pocos va recordando que había sido usado como una marioneta por la voluntad del resucitado dios Typhon, y que por eso había perdido casi todo su Cosmo.

 

-Diez días... Todo eso...

 

-Pero estoy aliviada... -suspira Athena-. Tu respiración era casi imperceptible... Pensé que nunca más ibas a despertar -la joven abre su corazón de forma sorprendentemente indefensa, tratándose de una diosa.

 

Por alguna razón, parece haber una compleja mezcla de sentimientos entre Saori y Mei, algo mucho más grande que una simple relación entre ama y siervo.

 

-Tengo una sorpresa para ti -dice Athena, gentilmente-. Una persona que está aquí para verte.

 

A la señal de la diosa se aproxima a la cama una figura extremadamente ceremonial, un hombre alto, de cabeza rapada, vestido de esmoquin negro.

 

-¿Tatsumi? ¿Es usted? -pregunta Mei en un tono de sorpresa.

 

-¡Qué bien que el señor está vivo! -dice el hombre con sus facciones ceñudas mojadas por una lluvia de lágrimas-. ¡Éste, su criado... no tiene palabras para expresar su alegría...!

 

Se trata de Tokumaru Tatsumi, administrador de la Fundación Graude y dedicado mayordomo de la familia Kido.

 

-¿Quiere decir entonces que usted continúa prestando servicio a la señorita Saori? -pregunta Mei.

 

El joven guarda aún la imagen de Tatsumi como una especie de niñera o guardaespaldas de la joven, impresión compartida en la infancia por todos los cien huérfanos reunidos por el fallecido Mitsumasa Kido para volverse Saints.

 

-¡Sí señor! ¡El maestro Mitsumasa estaría feliz si pudiese estar aquí contigo!

 

-Tiene sentido... -continúa Mei-. Athena es también la heredera de la Fundación Graude... ¡Pero veo que queda mal andar de esmoquin dentro del Santuario!

 

Tatsumi suelta una risa sin gracia y levanta los hombros. Su sonrisa es sincera y sus hombros anchos como los de un boxeador.

 

-¡Yo ni lo imaginaba...! -dice Athena con una voz temblorosa.

 

-¿Se lo contaste, Tatsumi? Pero estaba prohibido hablar de eso, por mí y por mi padre.

 

-¡Lo sé, mi señor! -Tatsumi se curva delante del joven-. Pero... hace tanto tiempo. El maestro ya no está más entre nosotros y como el tanto deseaba, la señorita Saori despertó como Athena. ¡El... maestro Mei, el señor está vivo! Éste, su siervo, no sabe como contenerse...

 

-Esta bien, olvídalo -dice Mei, de la forma más calmada que puede.

 

-¡Yo no sabía hasta ahora, Mei, tú eres el heredero de mi abuelo... De la familia Kido! Tatsumi me contó como tú me trataste con cariño, como una verdadera hermana, mientras yo era criada como la nieta de mi abuelo. En verdad, la heredera de la Fundación Graude no debería haber sido yo, sino...

 

-No digas esas cosas -interrumpe Mei.

 

-Y, por favor, señorita, nunca les cuente esto a Seiya y los otros.

 

-¿Guardas resentimiento hacia mi abuelo? ¿De las decisiones tomadas por tu padre?

 

-¡Señorita, la decisión no fue del maestro Mitsumasa! -Tatsumi no se contiene, ansioso por revelar la verdad escondida por tanto tiempo.

 

-La decisión fue mía -explica Mei-. Cuando descubrí que los huérfanos de la institución eran todos hermanos que tenían la sangre del mismo padre en las venas... yo no soporté el hecho de estar recibiendo un trato especial, sin que nada me faltase, como heredero de la Fundación Graude. Por eso, decidí por libre y espontánea voluntad tener el mismo destino de mis hermanos.

 

-Por libre y espontánea voluntad... -repite Saori en un tono pensativo.

 

-Mitsumasa Kido es mi padre. Y también el padre de Seiya, de Shun, de Hyôga... de todos los cien huérfanos reunidos para ser Saints. Ese lazo de sangre nos acompañará por toda la vida.

 

-El abuelo sufrió hasta el último instante de su existencia por haber mandado a sus hijos a una vida infernal de sacrificios, para que se vuelvan Saints. Pero hizo todo eso para proteger el amor y la justicia sobre la Tierra.

 

-Lo sé, señorita -Mei levanta el rostro-. No guardo resentimiento o rencor hacia mi padre. Por el contrario, estoy agradecido por haberme dejado enfrentar el mismo entrenamiento de mis hermanos. De lo contrario, yo no podría mirarlos a los ojos al reencontrarlos. No podría conversar con ellos sobre nuestra infancia. Sería eternamente perseguido por un sentimiento de culpa.

 

-Por favor, no se culpe.

 

-Pues yo digo lo mismo, Saori -Mei decide que esta es la última vez que la llamará por ese nombre-. La señorita no debe tener ningún sentimiento especial por mí. Ahora es Athena, y yo, un Saint de Athena. Ese es el destino de las estrellas, que yo mismo escogí seguir.

 

-¿Maestro Mei? -la voz de Tatsumi parece llena de sorpresa-. ¿El señor pretende continuar escondiendo su origen... y sus derechos?

 

-Lo pretendo. Cuando yo aún era un niño, hice esa promesa, y estaba dispuesto a morir por ella. ¿Cómo podría romperla ahora? Al abandonar el apellido Kido, pase a ser solo Mei. Por eso, Tatsumi, quiero que me trate de la misma forma que me trataba cuando yo entré al orfanato. Que no sea por fingir, haga conmigo como hacía con mis hermanos. Y pare de llamarme maestro -completa el joven, con una sonrisa amarga.

 

-¡Athena! -interrumpe una voz venida del otro lado afuera de los aposentos. Pidiendo permiso a la diosa, aparece en la puerta Nicole, Silver Saint de Altar-. ¡Mei! ¡Despertaste! -exclama el hombre-. Su rostro recuerda a una estatua griega, de una belleza intelectual y galante.

 

El joven brinca de la cama y, con las piernas tambaleantes en una inesperada debilidad, se arrodilla delante del oficial mayor. Nicole, a su vez, se voltea hacia Athena.

 

-En calidad de Pontífice sustituto, por tanto responsable por los Saints, le agradezco por haber salvado la vida de Mei -y continúa, curvándose levemente en dirección de Tatsumi-. Al noble Tatsumi, también me gustaría agradecer por interceder junto al ejército y al gobierno italiano en Sicilia -sólo entonces Nicole dirige la palabra al joven Saint-. Dime, Mei, ¿recuerdas que ocurrió mientras estabas siendo controlado por Typhon?

 

-Sí, pero los recuerdos son confusos. No tengo mucha certeza del orden de los eventos.

 

-Nicole, sea paciente -defiende Athena-. Mei acaba de recuperar la conciencia.

 

-Lo intento, diosa... pero necesitamos mucha información. La Tierra está en una situación crítica. Typhon desapareció en la erupción del Etna y debe estar recuperando sus fuerzas en este preciso momento.

 

A medida que organiza sus pensamientos, Mei se va apenando por las cosas que hizo cuando estaba bajo el dominio de Typhon. Había acertado a Nicole con un golpe en el teatro de la Acrópolis. Y peor, por poco no había matado a Seiya en Sicilia.

 

-¿Cómo está Seiya? -pregunta Mei, mientras mira sus propias manos en estado de shock. Aún puede sentir en ellas el calor de la sangre de su hermano. El joven no está conforme con su debilidad-. ¿Cómo pude haber quedado totalmente a merced de la voluntad de Typhon?

 

-Seiya está bien, los jóvenes se recuperan rápido -responde Nicole, casi brincando, con una mano en el estómago, donde Mei lo había alcanzado-. Athena reconoce a Mei como su nuevo Saint -agrega en un tono extremadamente solemne-.

 

La revelación inesperada toma al joven completamente de sorpresa.

 

-Le otorgo aquí el Traje Sagrado, que prueba tu misión de Saint... -continúa Nicole, comenzando allí mismo la ceremonia de nombramiento de Saint.

 

Mei desvía la mirada hacia la Caja donde está el Cloth, colocada al borde del aposento. Es una caja negra, tan oscura que parece absorber la luz a su alrededor. En ella está la figura de una mujer recostada, tallada en bajorrelieve.

 

-Este es el Cloth de Coma, Mei, tu constelación.

 

Arrodillándose delante del Pontífice sustituto, Mei jura lealtad eterna a Athena, volviéndose entonces oficialmente el Saint de la constelación de Coma, el nuevo Guerrero Sagrado de Athena.

 

-En nombre de Athena, yo, Nicole de Altar, te ordeno Saint. Deberás proteger a Athena y defender la justicia sobre la Tierra. El Cloth sagrado jamás deberá ser usado por intereses o batallas personales. Si por casualidad violaras la norma y mancharas el Traje... la constelación, el Cloth, en vez de protegerte, te destruirá.

 

-¿El Cloth me va a destruir? -Mei parece estar confuso-. Al final, ¿de qué es este Cloth negro?

 

De hecho, el Cloth de Mei no pertenece a ninguna de las tres jerarquías: Gold, Silver y Bronze. Nicole decide que este es el momento de contarle a Mei la historia de la antigua batalla contra los Gigantes.

 

“La morada de Typhoeus”. Apenas un poema épico griego preserva en estos días el nombre del más poderoso de los Gigas. “Typhoeus” es otra forma de escribir “Typhon” o “Tifón”. El dios de los Gigas es un remolino que no estará satisfecho hasta no destruir y consumir toda la Tierra.

 

Renacido en el mundo físico al romper el sello de Athena, el dios gigante de las tempestades se esconde en el punto más profundo de un conjunto de cavernas entrelazadas como un enorme hormiguero. Delante de él está un Giga que viste un Adamas de cornalina.

 

-Mi señor... -dice el Giga.

 

Pero Typhon no le presta atención. Sus pensamientos están lejanos.

 

-Athena consiguió reencarnar en esta era en su plenitud... -dice para sí mismo.

 

La mitad derecha de su cuerpo está cubierta por llamaradas, las llamas inagotables de la gran Tierra; mientras que relámpagos llenan la mitad izquierda como terribles vientos de temporales fantasmas. De la carne asimétrica nacen, como uñas, las placas de su negro Adamas de ónix. No es exactamente una armadura, sino una coraza, como una parte endurecida del cuerpo.

 

-Athena consiguió reencarnar en esta era en su plenitud -repite-. Pero, ¿qué dices de mí? ¿De este, mi cuerpo físico tan frágil?

 

-¡Quirri! El cuerpo de Enkelados... ¿frágil? -se sorprende Pallas, el Espíritu Estúpido-. De hecho, es resistente y poderoso el cuerpo físico que fue ofrecido a Typhon por su hermano más viejo, el sumo sacerdote Enkelados.

 

-No es suficiente para soportar mi verdadera fuerza -responde Typhon, tocándose el mentón.

 

El hueso lastimado por los golpes de Mei en el Monte Etna ya está completamente recuperado

 

-Necesito un receptáculo digno de mi poder.

 

-Con todo respeto, su carne radiante fue totalmente rechazada, en sus cinco miembros por Athena -con las palabras de Pallas, un flujo más intenso de luz brota de las llamas y relámpagos en el cuerpo de Typhon, iluminando todo el interior de la caverna-.

 

El lugar, con un inmenso altar, se asemeja al templo subterráneo del Monte Etna. Estamos en Tierra Santas de los Gigas.

 

-¡Malditos sean Athena y sus Saints! -Typhon está delante del altar, sobre el cual está lo que parece ser una estatua de grandes senos, representando tal vez a una diosa. Pero un corazón late en la figura, demostrando que se trata en realidad de una mujer viva, a pesar de tener los párpados y los labios cerrados como si fuesen hechos de piedra. Más aún, la imponente figura está embarazada-. Es mi forma femenina -explica Typhon.

 

-¡Oh! -Pallas, el Espíritu Estúpido, parece estar hipnotizado por la belleza de forma femenina de su maestro, enteramente desnuda, sus curvas provocantes ocultas apenas por los cabellos ondulados que llegan hasta la cintura. Basta con mirar con más atención para percibir escamas donde deberían estar las piernas de la criatura: su mitad inferior tiene la forma de una serpiente.

 

-El calabozo del Tiempo Estancado -por primera vez, Typhon dirige la palabra directamente a Pallas-. En la antigua Gigantomaquia, poco antes de ser exiliado por Athena y sus Saints en el Monte Etna, sellé a los Gigantes sobrevivientes. No fue Athena quien los atrapó a ustedes, mis hermanos, en las profundidades del espacio fantasmal. Fue mi voluntad.

 

-¿Cómo? -Pallas está confundido. Él siempre creyó que había sido aprisionado por Athena, junto con Typhon.

 

-Mis queridos hermanos más viejos, al contrario de mi, ustedes no son inmortales -continuó Typhon-. Si su cuerpo físico fuese destrozado, ustedes no oirían la llamada del renacimiento. Por eso, sellé tanto su carne como su alma en el Calabozo del Tiempo Estancado.

 

-¿Fue eso lo que ocurrió, mi señor? Usted, teniendo en sus manos al pelele de Mei, inicialmente rompió los sellos atados sobre nosotros, los Gigas, en las más diversas regiones y...

 

-Y, mediante el sacrificio de sangre de los Saints y de dos de mis queridos hermanos, finalmente volví a la vida en el mundo presente.

 

-¿Y esta mujer, señor? -pregunta Pallas, tragando en seco.

 

-Esta es Ekhidna -responde Typhon-. La última de las mujeres Gigas. Ella abriga en sí mi cuerpo carnal, el receptáculo de mi voluntad.

 

-¡Ah, entonces ya estaba preparando su propia reencarnación! -exclama Pallas, finalmente comprendiendo el plan de su maestro.

 

-Sí, el cuerpo carnal que Ekhidna guarda en su vientre abrigará mi voluntad. Y hasta que eso suceda, estaré hospedado en este cuerpo horrendo -dice en un tono un tanto desanimado.

 

-¡Realmente, qué cuerpo horrendo! -una voz surge de las sombras, de donde emergen tres figuras.

 

-Mis hijos -dice Typhon, sin mirar a los recién llegados.

 

Pallas no entiende nada.

 

-¡Quirri! ¿Hijos?

 

-Mis hijos, engendrados por Ekhidna en otros tiempos, criados en la cuna del Tiempo Estancado. Los sellos fueron rotos -Typhon no llama a sus hijos por sus verdaderos nombres. Si lo hiciese, ellos verterían sangre por las orejas y enloquecerían. De la misma forma, si los hijos mencionasen el nombre de Typhon, la lengua les sería arrancada y ellos perderían el habla.

 

Así las sombras se presentan ellas mismas a Pallas:

 

-Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo.

 

-Khimaira, la Bestia Multiforme.

 

-Ladon, el Dragón de Cien Cabezas.

 

-Hijos, ofrezcan su alma para mi resurrección.

 

Las tres figuras se arrodillan en silencio delante de la voluntad del dios de los Gigas.

 

-Coma (Parte 1)-

 

Península del Peloponeso, extremo sur de los Balcanes.

 

-Aquí tampoco hay nada -dice Seiya para sí mismo, al examinar la pared de piedra. Él reconoce que la luz débil que ilumina levemente la caverna, donde con certeza no llegan los rayos del sol, es la misma que vio en las profundidades del Monte Etna, donde Typhon estaba aprisionado-. Con certeza este lugar fue parte de las Tierras Sagradas de los Gigas -concluye el Bronze Saint de Pegasus.

 

Esta caverna es bastante menor que la del Etna. No tiene templos, apenas ruinas de un altar de piedra.

 

-Extraño... -piensa el joven-. Tengo la impresión de que alguien estuvo aquí hasta hace poco. -Seiya parece sentir los resquicios de un Cosmo, pero no hay señal de los enemigos. Con excepción de murciélagos, el Saint es la única criatura viva allí. Él no tiene otro remedio que dejar la caverna atrás.

 

Anochece en Atenas, el lugar sagrado de la guerrera protectora de la Tierra. Yulij, de la constelación de Sextante, en un vestido y una túnica escarlata, está en el observatorio estelar del Santuario. A su lado, el Saint Mei.

 

-Parece un mar de sangre -comenta Mei, que viste una camiseta y pantalón negro, moderno, en contraste con la vestimenta clásica de la joven-. ¿Desde cuándo el atardecer es tan rojo bermellón?

 

-Coma (Parte 2)-

 

-La erupción del Etna fue la mayor de los últimos siglos -explica Yulij-. La polvareda volcánica formó una espesa capa en la estratosfera, bloqueando la luz solar, por eso el cielo está rojo bermellón. Según los investigadores de la Fundación Graude, en los próximos tres a cinco años, la incidencia de la luz solar sobre la superficie terrestre va a disminuir en más de 10%. inestabilidad climática, perjuicios para la agricultura, falta de alimentos... La cosa es seria -suspira Mei.

 

-¿Tú estás bien? -pregunta Yulij, con una expresión preocupada.

 

-Yo iba a preguntarte exactamente lo mismo.

 

-Estoy bien.

 

Yulij había sido gravemente herida al ser secuestrada por los Gigas, pero parece estar casi totalmente recuperada. Hasta su máscara, que Mei había quebrado cuando estaba sobre el dominio de Typhon, está totalmente intacta, cubriendo su rostro.

 

-¿No tienes problemas en usar la máscara por encima de los vendajes?

 

-¿Qué se puede hacer? Ese es el dogma -la tradición dice que toda mujer que está con los Saints debe abandonar completamente su feminidad, escondiendo siempre su rostro.

 

El piso destruido del observatorio, donde antes se veía un mapa del zodiaco es testigo del ataque a Mei.

 

-¿Sabes cuál es el otro dogma? -pregunta Yulij, en un tono casi pícaro, antes de colocarse en posición de ataque, intentando aplicar un golpe en la garganta de Mei, con un puñetazo o sable de mano-. Para un Saint femenino, ser vista con el rostro expuesto es más humillante que verla desnuda en público. Si alguien ve su rostro, el Saint femenino tendrá que matar a esa persona.

 

-Esa regla la conozco -sonríe Mei, ignorando los poderosos puños de Yulij contra su persona-. ¿Entonces mataste a los médicos? ¿Cómo es que te operaron la cabeza sin mirar?

 

-Los médicos son otra historia...

 

-Hey, ¿no tenías otra alternativa? -continúa Mei-. ¿Amar a quien viese tu rostro?

 

-Te estás burlando de mí -suspira Yulij-. Qué imprudente. ¿Crees que no soy capaz de matarte?

 

-No tienes motivo. Infelizmente no vi tu rostro. Al menos, no lo recuerdo. Mis recuerdos de cuando estaba sobre el poder de Typhon son confusos. Sé que quebré tu máscara aquí mismo... pero no consigo recordar los detalles.

 

-Qué amnesia más conveniente -dice Yulij, recogiendo su puño, medio a regañadientes-. Si fuera a amar a un hombre irresponsable, prefiero creer que no viste mi rostro... Dónde se vio que un despistado como tú, sea ordenado Saint... Las estrellas deben estar protestando. ¿Qué tipo de aprendizaje tuviste con tu maestro?

 

-Ah, de varios tipos... -responde Mei, pensando-. Aprendizaje de vida.

 

-El destino de tu constelación es bastante menos agradable que eso -la voz de Yulij suena ahora entristecida. Ella levanta los ojos al cielo. La coloración púrpura de la puesta de sol va siendo gradualmente sumergida en las tinieblas.

 

-¿Está difícil divisar las estrellas, eh? -comenta Mei.

 

De hecho, la atmósfera parece estar cubierta por una densa niebla.

 

-Typhon cubrió el cielo estrellado con cenizas. Con eso no consigo divisar directamente el mundo o el futuro -lamenta Yulij-. Y a tu constelación, Mei, es más difícil divisarla que a las otras -continúa, apuntando un punto en el cielo.

 

En el lado oeste del firmamento sobran aún las últimas constelaciones de primavera. Un poco encima de Virgo, entre las estrellas Denébola y Arturo, se encuentra la constelación de Coma Berenice. Es un conjunto de pálidas estrellas: por más limpio que esté el cielo, visualizar en ella los largos cabellos de una mujer es un verdadero ejercicio de imaginación.

 

-Puede no parecer, pero en ella están galaxias enteras -explica Yulij.

 

-Por eso la llaman “Ventana de Galaxias”, ¿no es así?

 

-Pues, vean eso... -la joven está sorprendida con los conocimientos de astronomía de Mei.

 

-Son galaxias distantes -continúa Mei-. Podemos divisarlas porque está al norte de la Vía Láctea, en un pedazo de cielo donde tiene menos estrellas.

 

Yulij cambia debido a algo:

 

-Estoy preocupada por Seiya y los otros que fueron tras la pista de Typhon, todos los que son capaces de caminar están en esa búsqueda, en este momento sólo hay Saints heridos en el Santuario.

 

-Typhon no es como los dioses del Olimpo, que quieren el dominio de la Tierra -reflexiona Mei-. No sabemos que pretende realmente, es eso algo que asusta.

 

-Pensé que los Gigas querían dominar el planeta...

 

-Puede ser... Pero los Gigas son como esclavos presos por el temor de Typhon. Una voluntad divina corrupta como la de él jamás estará satisfecha, a no ser que destruya todo, y al final, a sí mismo.

 

-Cuando fuiste marioneta de Typhon, ¿tocaste su “voluntad”? -pregunta Yulij-. Yo sé qué prefieres olvidarlo, pero me gustaría saberlo aún así.

 

Mei esconde el rostro, como si estuviese recordando una pesadilla.

 

-Ven conmigo a la biblioteca -continúa Yulij, tomando su mano-. Quiero oír lo que tienes que decir.

 

-Coma (Parte 3)-

 

En el margen norte del Mar Negro, en una región de Ucrania, antiguamente conocida como Citia.

 

-Tampoco es aquí -dice Hyôga-. Una pared bloquea su avance.

 

El Cloth de Cygnus, blanca-azulada, y los cabellos rubios del joven brillan levemente en la oscuridad, prueba de que esta fue una de las Tierras Sagradas de los Gigas. En la caverna vacía vemos apenas restos de un altar de piedra.

 

-Este olor... es el olor de Typhon -continúa Hyôga para sí mismo, frotándose la nariz. Su Cosmo capta una sensación anormal en el aire-. Es como si fuese un rastro mezclado de una voluntad maligna... Tal vez el propio Typhon ha pasado por aquí. Pero, ¿para qué?

 

Los rastros dejados eran insuficientes para cualquier conjetura.

 

-Coma (Parte 4)-

 

-Yo tenía un miedo terrible de disgustar a Typhon y exponerme a su temor -cuenta Mei.

 

-¿Cómo los Gigas? -pregunta Yulij.

 

-Es... yo entiendo porque los Gigas le rinden culto a Typhon. Es un dominio psicológico absoluto... suficiente para que ofrezcan su propia vida en sacrificio.

 

-¿Sabes que es el Calabozo del Tiempo Estancado? -Yulij anota con cuidado todas las informaciones brindadas por Mei.

 

-Es una especie de sello temporal. Typhon selló a los Gigas sobrevivientes de la antigua Gigantomaquia en diversas partes del mundo. Al contrario de él, que es un dios y por tanto inmortal, los otros Gigas no son diferentes a los humanos, tienen una vida terrenal limitada. Detener el tiempo fue la única manera de hacerlos volver con su cuerpo físico después de tantas eras.

 

-Un don secreto de los dioses -suspira Yulij.

 

-Después de poseer mi cuerpo... -continúa Mei.

 

-Typhon rompió las ataduras temporales y trajo a los Gigas de vuelta a la vida.

 

-¿Cuántos Gigas renacieron?

 

-Solo recuerdo a cuatro: Agrios, Thoas, Pallas y Enkelados.

 

-Pero hay algo extraño allí... -comenta Yulij, pensativa-. Según los registros del Santuario, Typhon y todos los Gigas fueron sellados por Athena.

 

-Tiene sentido que la diosa haya sellado a Typhon, que es inmortal. Pero no habría razón para dejar a los Gigas vivos dentro de las ataduras. ¿Esos libros históricos del Santuario son confiables? -pregunta Mei.

 

-Dicen que “verdad” y “realidad” son conceptos diferentes. Es la misma cosa con historia y realidad. La revuelta de Saga, por ejemplo: es un desafío decidir como ella va a constar en la historia oficial.

 

-De cierta forma, sería correcto decir que el Gold Saint de Gemini fue poseído por sentimientos malignos y asesinó al Pontífice -sugiere Mei.

 

-Pero transmitir eso para los Saints del futuro...

 

-No es muy apropiado -completa Yulij.

 

-El oficial mayor dice que Saga sufría de esquizofrenia, tenía dos personalidades, una de justicia y otra del mal.

 

-Saga en sí no era el mal absoluto -concuerda Yulij-. Pero trató de traicionar a Athena y provocó una crisis interna que causó la muerte de un número enorme de Saints.

 

-De cualquier forma, Athena, la guerrera defensora de la Tierra, debe siempre aparecer en la historia fundamentada por justicia inamovible e inmaculada por victorias incuestionables -dice Mei, con ironía.

 

-¡Vaya, hablas cosas peligrosas con la mayor cara de inocente! -comenta Yulij-. Si el Maestro Nicole lo supiese, de hecho que te quitaría el título de Saint...

 

-¿Entonces queda entre nosotros, verdad? -dice Mei-. No quiero quedar en el recuerdo de ser el Saint que tuvo el menor tiempo con el título.

 

-Voy a hacerte el favor de no escribir lo que dices -el tono de voz de Yulij continúa serio-. Lo que la historia oficial de Athena precisa son las Guerras Santas y la verdad histórica de las victorias. Eso dará coraje para que los Saints de las próximas generaciones enfrenten el combate. No hay necesidad de conservar registros de los Saints que sufrieron amargados entre la justicia y el mal o que sintieron compasión por los enemigos.

 

-Athena es justicia -concuerda Mei.

 

-Exactamente. Quien dude de eso nunca va a conseguir ser un Saint de verdad, defender aquello que precisa.

 

-Tu rostro -Mei cambia de tema-. Hablar con una mujer sin expresión es más terrible que enfrentarse a Typhon.

 

-No puede ser peor que mirar esa sonrisa tonta -responde la joven, levantando los hombros.

 

-¿Por qué tu nombre es Yulij? -insiste Mei-. Es nombre de hombre, ¿no es así?

 

-No es mi nombre verdadero. Los Saints deben romper todos los lazos con la sociedad mundial, pudiendo incluso abandonar su nombre de familia. No sé si es el caso de Seiya, de Shun, de Hyôga... pero son pocos los Saints que usan el nombre que sus padres les dieron.

 

-Nosotros somos hermanos, hijos de un mismo padre, pero fuimos criados como huérfanos -la voz de Mei se vuelve seria-. Desde el comienzo, no teníamos nada que perder. Mei y sólo Mei, Seiya es Seiya, Shun es Shun, Hyôga es Hyôga...

 

-Es que ustedes son hijos de las estrellas. Filosofa Yulij -yo uso nombre de hombre por cuestión de espíritu.

 

-¿Aquel parloteo de que una mujer que se vuelve Saint femenino debe abandonar

su feminidad? Mei vuelve a su tono sarcástico-. ¡Eres tan anticuada!

 

-Y tú un malcriado.

 

-Déjame adivinar: tu nombre verdadero es Yulia.

 

-Además de malcriado, eres simplón. Haciéndome esas preguntas. ¿Qué es ese color de cabello? ¡Está a la vista que es artificial! ¡La raíz es negra!

 

-Ese cabello, si quieres saber... -dice Mei, sonriendo-. Es una prueba de respeto a mi maestro.

 

-Pero Yulij ya perdió la paciencia con el parloteo burlón de Mei. Juntando rápidamente las cosas sobre la mesa, la joven se levanta y desaparece por el fondo de la biblioteca.

 

-Yulij -dice Mei, soltando un suspiro-. En japonés, ese es un nombre muy femenino... -susurra para sí mismo.

 

-Coma (Parte 5)-

 

Pocos textos hablan de la Gigantomaquia en los registros históricos del Santuario. En los libros oficiales, no hay una línea siquiera -explica Nicole a Athena, mientras ella se acomoda en el trono de la Sala del Gran Patriarca.

 

-Eso ocurre porque la Gigantomaquia no fue una Guerra Santa.

 

-Sí, diosa. El hecho es que no tenemos informaciones concretas que puedan indicar el paradero de Typhon -por esa razón, Nicole recolectó pistas de lugares relacionados a Typhon y se basó en poemas épicos y fábulas, enviando a los Saints a esos lugares en busca del dios de los Gigas-. Muchas veces las leyendas traen la realidad escondida dentro de sí.

 

-En esta batalla, el tiempo no será nuestro aliado -dice Athena.

 

-Tiene razón, diosa. A cada minuto que pasa, Typhon recupera más su real poder, volviéndose un enemigo cada vez más poderoso. La prioridad es localizarlo cuanto antes.

 

-¿Pero no estamos dejando al Santuario desprotegido? -interrumpe Tatsumi.

 

-Por eso llamamos a un Saint más: Kiki ya retornó de Rozan.

 

-¡Nicole! -Athena está sorprendida.

 

-Él debe cumplir sus obligaciones de Saint -responde Nicole, firmemente.

 

Los Doce Templos del Zodiaco son los recintos dorados de las constelaciones, la espina dorsal del Santuario. Los signos de Aries, Tauro, Géminis y así sucesivamente dan nombre a los templos en el camino que lleva al Templo de Athena, con los Saints que los protegen.

 

-Entonces fue aquí que ocurrió la Batalla de los Doce Templos... -Mei dejó hace poco la biblioteca en el interior del Santuario, y ahora está sobre las escaleras de los Doce Templos.

 

El espacio de los templos está totalmente cubierto por la protección de las estrellas. Ningún ser paranormal, por más poderoso que sea, consigue tele-transportarse en las escaleras o el interior de los templos. La única forma posible de recorrer el camino es por las escaleras que Mei sube en este instante.

 

Los Bronze Saints, como Seiya, Shun y Hyôga, hermanos de Mei, lucharon aquí contra el mal oculto en el interior del Santuario, protegiendo a Saori Kido, la diosa Athena. Los detalles están registrados en la historia oficial, pero es importante tener en mente que las batallas de los Doce Templos fueron combates entre los Bronze Saints y los Gold Saints durante la llamada revuelta de Saga.

 

“Trágico... Saints luchando entre sí”, piensa Mei, entristecido al recordar que muchos Saints perdieron su vida en esas confrontaciones. Él no participó en la lucha porque en esa época ya estaba bajo el dominio de Typhon, en el Monte Etna.

 

La noche está serena. Mei recorre el Templo de Géminis, que debería estar protegido por Saga, llegando entonces hasta el cuarto templo, el de Cáncer.

 

-Otro templo sin guardián -dice Mei para sí mismo.

 

El lugar, que debería estar brillante y blanco como la Vía Láctea, se encuentra pesado y turbio como ruinas abandonadas. Mei se queda sin palabras. De repente, se oyen pasos. El joven se voltea para atrás.

 

-¿Eres tú, Shiryû? -pregunta, reconociendo inmediatamente al Saint, a pesar de que los dos no se han visto en años.

 

-¿Quién es...? Este Cosmo...

 

-Soy yo, Mei.

 

-¡Mei! -Shiryû está realmente sorprendido.

 

-¡Tú fuiste a entrenar a Rozan, en China! -continúa Mei-. Entonces esa es el famoso Cloth de Dragon, pulida por las aguas de la Cascada de Rozan.

 

La constelación de Shiryû es la del Dragón. Su traje sagrado está formado por placas de orichalcum, aglutinadas como escamas. La pieza del brazo derecho trae un pequeño escudo circular, símbolo del  propio Cloth. Shiryû es un joven apuesto, de rostro colorado, con apariencia de cierta forma opuesta a la truculencia del Dragón. Su cuerpo es delgado y tiene largos cabellos negros en la altura de la cintura, recordando a un galante Wakamusha, como eran llamados los jóvenes samuráis.

 

-Fui convocado por el Pontífice sustituto para proteger el Santuario -explica Shiryû.

 

-Tus ojos... -ice Mei, cuidadosamente- No sabía... ¿cuándo ocurrió eso?

 

Los ojos de Shiryû están lastimados, el Saint ahora es ciego.

 

-Fue durante la batalla -responde Shiryû-. Cuando cumplíamos nuestra misión de Saints.

 

Es bueno explicar que la pérdida de la visión no es algo debilitante para Shiryû. Los Saints de Athena dominan el Séptimo Sentido, la habilidad de “sentir” el Cosmo y la presencia de otras personas. Aunque sea prácticamente imposible explicarlo con palabras, el Séptimo Sentido supera a los cinco sentidos tradicionales y hasta el mismo sexto. Shiryû ni siquiera necesita de ayuda para subir las escaleras.

 

-¿Qué estabas haciendo aquí Mei? -pregunta-. Sin la visión, puedo sentir, aunque de forma limitada, los sentimientos de las personas. Parece que estabas sintiendo una tristeza profunda.

 

-Yo estaba pensando en mi maestro -responde Mei, respirando profundamente y levantando la mirada al cielo-. Fui entrenado en Sicilia. Mi maestro era el Gold Saint que protegía este Templo.

 

-El Gold Saint de Cancer -completa Shiryû, súbitamente adoptando una expresión severa.

 

-Pues eso, yo estaba conversando con él. ¿Mi maestro se convirtió en una estrella, sabes? -Mei ríe e ironiza, mas la expresión de Shiryû permanece seria.

 

-Coma (Parte 6)-

 

Anatolia, Península de Asia Menor, cercada por los mares Egeo, Negro y Mediterráneo. Palco de antiguas leyendas griegas. Hoy la mayor parte de su territorio pertenece a Turquía.

 

-Que lugar tan misterioso... -comenta Shun para sí mismo-. El joven de cabellos color de lino viste la Cloth de Andromeda y sus cadenas.

 

Es de noche. Una especie de bosque de piedras cubre el inmenso valle. Son centenas, millones de rocas de los más diferentes tamaños, llegando a decenas de metros de altura, muchas en formato de gigantescos hongos. El paisaje fue esculpido por millones de años de actividad volcánica: un lugar tan fantástico que no parece real. Shun brinca de una piedra a otra con suavidad, acompañado por la sombra de la luz de la luna pálida.

 

El Bronze Saint de Andromeda cumple ordenes del Pontífice sustituto Nicole: está en busca de la morada de Typhon. El Monte Arima, que está en esta región, fue citado en un poema épico y, como sabemos, las leyendas a veces traen la verdad escondida.

 

Es una carrera contra el tiempo. A cada minuto Typhon se torna más poderoso y temible. Por eso Nicole está tan compenetrado en esa búsqueda, enviando en misiones de investigación a Shun, Hyôga y hasta al mismo Seiya, que aún no está completamente recuperado. En este momento, el esfuerzo incluye a varios Saints esparcidos alrededor del mundo, como agentes secretos del Santuario.

 

“Si Typhon tiene el poder de controlar los volcanes...”, piensa Shun, observando la tenue humareda blanca que sale del Monte Arima, “...¿Qué ocurrirá con la Tierra si él recupera su verdadera fuerza?”

 

Sin duda sería el fin de la humanidad y de cualquier forma de vida en el planeta. Desde la erupción anormal del Etna, había señal de actividad volcánica allí y en diversas partes del mundo. Científicos alertaban por el riesgo de una nueva edad de hielo, o de la extinción en masa de las especies, como había ocurrido con los dinosaurios. Algunos fatalistas más apresados ya profesan el fin del mundo.

 

-¡No! ¡No mientras Athena y los Saints estén aquí! ¡Jamás lo permitiremos! -Shun reafirma su compromiso, cerrando su puño.

 

En ese momento las Cadenas de Andrómeda, dotadas de un increíble sentido de la defensa, asumen espontáneamente la formación de la nebulosa Zowah, alertas a la presencia de un Cosmo desconocido.

 

-¿Quién está ahí...? -pregunta Shun en dirección del bosque de piedras. El joven percibe nítidamente un instinto agresivo y totalmente expuesto, como el de un tigre o un lobo, sin la menor preocupación de esconderse-. ¡Ah, ahí estás! -Shun lanza la cadena en dirección al brazo derecho, que forma un arco parecido a un búmeran y captura a alguien que se esconde detrás de una columna de piedra-. ¿Uno de los Gigas?

 

En la batalla de Sicilia, Agrios, la Fuerza Brutal; Thoas, el Relámpago Veloz; y el sumo sacerdote Enkelados, la Voz Sellada, se ofrecieron en sacrificio para Typhon. Y el Cosmo sentido por Shun no es el de Pallas, en teoría el único discípulo de Typhon que aún está suelto. ¿Será que existen otros Gigas sobrevivientes? ¿O será que Typhon resucitó otros Gigas después de la erupción del Etna?

 

Shun siente que su piel se eriza, como si una hoja afilada estuviese alisando la superficie de su cuerpo.

 

-¡Son dos...! ¿Espera, son tres?

 

Las figuras cercan al joven como cazadores alrededor de una presa. La vida de Shun está en peligro. El ataque combinado de los tres Gigas sugiere que Typhon está ahí: entre todos los Saints que buscan al dios maligno, a Shun le tocó el boleto premiado.

 

Las sombras se aproximan aún más. Pueden ser monstruos legendarios o demonios mitológicos. Con certeza son enemigos, las siluetas emanan reflejos oscuros de las armaduras de Adamas. La Cadena Circular en el brazo izquierdo de Shun hace un zumbido, reaccionando a la presión de los Cosmos agresivos. El Saint llama de vuelta a su Cadena Triangular y la levanta al cielo, haciendo centellear polvo estelar.

 

-¡Athena! -grita Shun, mientras su visión es completamente cubierta por las tres figuras de Adamas que avanzan sobre él.

 

-Cabellera (Parte 7)-

 

-Nicole, ¿por qué llamó a Shiryû? -la voz limpia y aterciopelada de Athena se dirige al Pontífice sustituto.

 

-Diosa, ¿cuál es el problema en convocar a los Saints al Santuario en esta situación de emergencia?

 

-Sabes de lo que estoy hablando.

 

-¿Dice eso porque Shiryû está ciego?

 

-Shiryû había vuelto a Rozan y finalmente estaba comenzando una vida tranquila al lado de Shunrei, la hija adoptiva del antiguo maestro. Él se había retirado de los combates, estaba arando y cultivando la tierra, en la mayor serenidad...

 

-Athena, ¿está sugiriendo que Shiryû no es más un guerrero? -pregunta Nicole, respetuosamente.

 

-¡Shiryû sufrió demasiado en las batallas! ¡Por mi culpa, por causa de mi flaqueza! Yo le arrebaté la visión a Shiryû. ¿Qué más le voy a quitar? -Athena destapa sus sentimientos más profundos.

 

-Pero él no ha devuelto el Cloth -dice Nicole después de algunos minutos de silencio-. No conozco ningún hombre más sincero, esforzado y leal. Espero sinceramente que, en el futuro, alguien con la moral, la sabiduría y bravura de Shiryû asuma el papel central de los Saints comandando el Santuario -continúa el maestro-. Respeto y admiro la decisión de cualquier hombre que decide vivir humildemente para dedicarse a una mujer. Pero el destino de la constelación de Shiryû no acepta eso. Es más, el mismo no permitirá que eso ocurra. Shiryû será el Saint de Dragon hasta que el destino de la constelación sea cumplido.

 

-Si eso es verdad, la pobrecilla Shunrei sufrirá mucho -la voz de Athena está entristecida. No podemos olvidar que ella lleva en si el alma de Saori Kido, y por lo tanto sufre con cuestiones humanas.

 

-Pido que acepte ese destino, diosa. La señorita puede haber sido responsable de que Shiryû haya perdido la vista, pero, aunque él pierda sus brazos, piernas, la mujer que ama o su propia vida... aunque él pierda todo, Shiryû continuará imbatible en su convicción de morir luchando por Athena. Es necesario que respete sus sentimientos.

 

-Pero Mei y Shiryû... aquellos dos no se entienden...

 

-Los estrechos lazos de karma que unen a los dos también son parte del destino. Mientras ambos sean Guerreros Sagrados, no habrá manera de huir de ello. Es algo que ellos necesitan superar y yo tengo la certeza de que ambos lo conseguirán. Son verdaderos Saints.

 

En ese momento un objeto no identificado rompe el espacio, haciendo un ruido fuerte y repentino.

 

-¡Ay! -sorprendido por el impacto, Tatsumi que estaba al borde de los Aposentos del Pontífice, cae al suelo.

 

Nicole avanza en dirección al trono de Athena a una velocidad superior al sonido, protegiendo a la diosa con su cuerpo y su Cloth.

 

-Es la Cadena de Andrómeda... -Athena se levanta y corre para el centro de la sala. De hecho, encima del tapete central está la cadena, en verdad, apenas un pedazo de ella. El artefacto rompió el espacio para surgir en el Santuario.

 

-¿Será que algo le ocurrió a Shun...?

 

-Él fue enviado a Anatolia... Al volcán Arima.

 

-¿Será que Typhon está allá?

 

La única certeza es la de que Shun está en peligro. Una situación tan grave que el no tuvo otra forma de avisar que valerse de la capacidad de la cadena de atravesar dimensiones.

 

Athena coge la cadena enviada por Shun, sobresaltándose inmediatamente.

 

-¿Este... Este Cosmo?

 

Nicole también es capaz de sentir la energía maligna que preocupa a Athena. En ese exacto momento, una estrella con cola plateada cae del cielo cubierto por las cenizas. Dragon Shiryû siente que un Cosmo terriblemente violento invade el Santuario.

 

-¿Mei? -dice el Saint ciego, volteándose para atrás. Pero el joven no está ahí. Sin esperar o avisar a Shiryû, Mei retorna por el camino de los Doce Templos Zodiacales, rumbo a la biblioteca, donde se encuentra con una imagen atemorizante.

 

Un ventarrón de papel. Las páginas de libro, ahora en fragmentos, se esparcen por el aire y por el suelo, en millones de pedazos. Yulij está tirada, inmóvil, en el suelo, con el vestido escarlata de la oficial auxiliar del Santuario. ¿Quién podría imaginar que ella registraría su muerte con su propia sangre en el libro de historia que tiene en sus manos?

 

-¡¡¡Yulij!!!

 

-¡Quirri! -una risa por detrás de los estantes de la biblioteca. La muerte, vestida tristemente con Adamas de cornalina oscura, había violado el campo de fuerza protector del Santuario.

 

-¡¡Pallas!!

 

-Humph... ¿Es la marioneta de mi señor? -responde el monstruo-. ¿El recipiente descartado aún vive? -el Giga Espíritu Estúpido provoca a Mei, pisando el cuerpo muerto de Yulij.

 

-¡Ahora, tú...!

 

-¿Quieres morir también? -pregunta Pallas, levantando las garras teñidas de sangre y cabellos plateados de Yulij.

 

Las batallas de los Saints son libradas a un paso de la muerte. Por alcanzar la esencia de la destrucción, pudiendo hasta romper los mismos átomos, hay veces en que las disputas se deciden en un instante y de forma cruel. Este puede ser el futuro de cualquier Saint: ser seriamente herido, sin Cloth, atacado por sorpresa por un enemigo cuyo poder se equipara al de los Guerreros de Athena, en este caso, un Giga poderoso. El Saint femenino muerto no tiene la menor oportunidad. La protección de la estrella de Yulij se agotó.

 

Para Mei es la muerte de una compañera insustituible, con quien luchó lado a lado por Athena.

 

-¿Ese Cosmo maligno... es uno de los Gigas? -pregunta Shiryû, entrando en la biblioteca.

 

-¡Quirri! ¡Un mocoso de bronce más! -desdeña Pallas.

 

-No te acerques, Shiryû -avisa Mei.

 

-Si estás preocupado por mi ceguera, puedes olvidarlo. ¡El Saint de Dragon no es inferior a ningún otro!

 

-No es eso -replica Mei-. ¡¡¡Este enemigo es MÍO!!! Fui yo quien rompió su sello.

 

-Ah, como debe ser frustrante... -continúa Pallas-. ¡Quirrirri! Ustedes finalmente consiguen salvar a la niña y ella es asesinada así tan fácilmente. ¡Corté su garganta con estas garras, arranqué sus cabellos y su máscara! ¡Qué felicidad!

 

-¡Quieto, animal! ¡No voy a tolerar más ese tipo de cosas en las Tierras Sagradas del Santuario! -Shiryû es incapaz de contener su ira.

 

-¡Quirrirri! ¿Van a anotar las acciones del gran Pallas en esos libros? -Pallas lanza por lo alto la máscara de Yulij, que escondía atrás de sí. La máscara cae al suelo y se quiebra por el medio.

 

-Tu nombre no va a existir en ningún lugar -protesta Mei.

 

-Tienes razón. Todos los Saints insignificantes serán asesinados... No va a quedar ninguno para contar la historia.

 

-No confundas las cosas -la voz de Mei carga el peso del destino que le fue impuesto-. Esta es la Gigantomaquia... no tiene sentido registrar esta batalla en la historia.

 

En ese momento, surge de la nada una caja con un traje sagrado, el Cloth de la constelación de Coma, que atiende la llamada del Cosmo de Mei. Hasta el mismo Shiryû, privado del sentido de la vista, puede sentir la oscuridad de la urna con la imagen en relieve de una mujer de lado.

 

La tapa se abre y el contenido de la urna se revela. En ella no hay luz, mas sombras que parecen jugar cual luminosidad. Surge una bella estatua de una mujer de lado, con largos cabellos, prueba de que el portador de la caja es un Guerrero Sagrado, capaz de dominar las fuerzas más poderosas del planeta.

 

Es la primera vez que Mei trae por libre y espontánea voluntad el Cloth de su constelación protectora. Cabeza, torso, brazos, cadera, rodillas: la figura femenina de la estatua se divide en partes, se moldean y se fijan en el cuerpo del joven. El traje protege al Saint elegido por la constelación.

 

Ese es un Cloth de tiempos perdidos, que permaneció sellado por mucho tiempo. La primera cosa que llama la atención en ella son los grandes escudos negros de las hombreras, que recuerdan a las alas de un cuervo. Gracias a complejas conexiones que permiten cualquier movimiento, los escudos se funden a los dos protectores de los brazos sin perjudicar la movilidad del Saint.

 

El mask recuerda al mismo tiempo a los protectores usados por luchadores de boxeo y un ornamento femenino. Las placas del pectoral, cadera y abdomen son leves y finas, y en las piernas la única protección son las rodilleras. Es una Cloth de curvas suaves, que presentan la imagen femenina que la originó, a pesar de ser intensamente negra.

 

-Mei, tu Cloth parece una nebulosa oscura, trayendo dentro de sí la materia que originó las estrellas -comenta Shiryû-. Él siente la explosión de Cosmo en el interior de Mei y la fuerza del traje negro que acumula en sí toda la luz, el origen de la vida.

 

Una hoja corta el aire, soltando chispas, invisible mientras rompe la velocidad del sonido.

 

-¿Quirri...? -el Giga Espíritu Estúpido está boquiabierto. Siente que algo pasó por su cuerpo, mas no consigue identificar qué.

 

-¿Ustedes no dicen que la lucha entre los Gigas y los humanos no necesita motivos? -provoca Mei-. Entonces no necesitaremos palabras.

 

Para sorpresa de Pallas, Mei permanece en pie, inmóvil, con los dos brazos relajados, sin asumir ninguna posición de ataque o defensa. El Giga decide atacar al joven en su aparente vulnerabilidad, tomando impulso en el suelo de la biblioteca. Las hojas del libro histórico destruido vuelan por los aires, y la distancia entre los dos combatientes disminuye súbitamente. Los brazos extrañamente largos de Pallas se doblan como ramas de sauce y sus garras poderosas avanzan en dirección de la garganta del oponente. Pero el golpe mortífero corta apenas el aire.

 

-¿Quirri? -una vez más, Pallas está confundido. El monstruo concentra su fuerza en su puño y levanta las garras, pero algo cae inesperadamente, como si fuese una bola mal lanzada. Era una mano, con garras: la mano del Giga, que rehúsa a creer lo que ven sus propios ojos-. ¡¡¡¡Mi brazo... Mi brazoooooooooooooooooooooo!!!!

 

Una cantidad absurda de sangre chorrea de la muñeca cortada. Pallas siente vértigo, intensamente perturbado por la visión.

 

-No lo percibiste, pero tu brazo fue cortado hace rato... -dice Mei.

 

-C... ¿Cuándo? C... ¿Cómo? -pregunta el Giga, saltando para atrás-. ¿Quirri? -Pallas se sobresalta, enderezando la columna. Pasa su mano izquierda por la nuca, lentamente, percibiendo ahora que hay sangre allí también. El monstruo investiga el espacio atrás de sí con las garras de la mano que le queda, oyendo un sonido agudo, parecido al de una cuerda de un instrumento musical. Sólo entonces percibe que está preso en una jaula de hilos finísimos, más finos que las cuerdas de un piano, estirados en todas las direcciones a su alrededor.

 

-Son hilos de Orichalcum -explica Mei.

 

-¿Quirri...? ¿Cómo es eso? ¿Todos esos hilos son parte de tu Cloth?

 

Sorprendentemente, la unión del antiguo Orichalcum con el Gammanium y Polvo Estelar asumen allí la espesura de un hilo de cabello, pero manteniendo su resistencia.

 

-Cada uno de esos hilos es una hoja afilada -continúa Mei-. No te muevas o tu cuello va a volar por los aires sin que lo percibas, así como tu brazo.

 

Con un leve movimiento de muñeca, Mei controla los hilos cortantes, que se lanzan a lo largo de la máscara de Adamas del Giga. Preso en una jaula de Orichalcum, Pallas no puede siquiera defenderse.

 

-Di el nombre de mi estrella -ordena Mei, en el mismo instante en que los hilos cortantes estallan. Varias luminarias de la biblioteca se van apagando dejando aquella parte del recinto en la más completa oscuridad.

 

-¿Vas a aprovechar la oscuridad para huir? -pregunta el Giga.

 

-¿Huir? -Mei suelta una risa burlona-. Esos hilos son mis ojos y mis oídos. Ellos son recorridos por mi Cosmo.

 

Apenas Pallas está perdido en las tinieblas. Así como Mei, Shiryû no siente ninguna dificultad por causa de la falta de luz.

 

-¡Gyah! -un grito más de Pallas en la oscuridad, seguido por el golpe seco de algo cayendo en el suelo-. ¡¡¡Aaaayyy!!! ¡¡Rayooooosss!! ¡Mi otra mano!

 

-¡Di el nombre de mi constelación! -insiste Mei.

 

-Tú eres... el Saint... de Coma... -el Giga gime de dolor.

 

-Mei de Coma -se declara Saint de Athena. Las vibraciones de los hilos de Orichalcum entonan una canción: una voluntad homicida, oscura y negra, envuelta por una profunda tristeza.

 

-Esta es la orden de la muerte, Giga.

 

-LOST CHILDREN (Niños Perdidos)

 

-¡¡Quiiiiiiiiiiiiiii!! -Pallas grita, desesperado, como si quisiese rasgar la garganta con su voz.

 

-Que se haga pedazos -Mei presiona todos los hilos a la vez.

 

Pallas se cala en la oscuridad, con la voz bloqueada por la sangre que llena su garganta. Mei se prepara para el golpe final, pero Shiryû detiene su mano.

 

-¿Por qué? -pregunta Mei.

 

-Si no lo impidiese... lo habrías matado -dice Shiryû-. Mei, lo que yo siento viéndote es un instinto asesino que no se saciará ni aunque cortase al enemigo en pedazos.

 

-Yulij... fue muerta así. Fue así como ese tipo la mató -se justifica Mei.

 

-No importa. Ese es un acto inaceptable para un Saint. La venganza no está en la voluntad de Athena. Además de eso, necesitamos hacer algunas preguntas a ese Giga.

 

Pallas está ahora sin los dos brazos, separados completamente de su cuerpo. El Giga Espíritu Estúpido se agitaba como una gallina a la espera del sacrificio.

 

-Entonces, Giga, ¿dónde está tu dios, Typhon? -pregunta Shiryû.

 

-Quirri. ¡Quirri!

 

-¿De qué te estás riendo?

 

-Cuando nuestro señor alcance su verdadero poder, ni la misma Athena será capaz de detenerlo, mucho menos los Saints -Pallas habla con dificultad, soltando bolas de sangre por la boca-. ¡¡Al final, delante del verdadero poder de él, hasta el mismo Zeus, el mayor de los dioses del Olimpo, huyó!!

 

-¿Cuál es el objetivo de Typhon? ¿Su verdadera fuerza? ¿Si quiere dominar la Tierra, por qué provoca erupciones que pueden destruirla?

 

-Los pensamientos de él están mucho más allá de los de los humanos... Encima hasta de nosotros mismos, los Gigas.

 

-¿Por qué los Gigas le rinden culto y siguen a un dios como ese? -continúa Shiryû-. ¡Un dios que domina con el terror! ¡Una fe que no ofrece paz de espíritu!

 

-El terror es la fuente de nuestra fuerza -responde Pallas-. Los Saints, en su insignificancia, serán todos muertos. Nuestro señor tiene hijos. Los Gigas hijos de dios están entre nosotros. Viejos Gigas, como yo, ya no son necesarios... Alabado seas, Typhon... -son las últimas palabras del monstruo. Su cuerpo se sublima en ese momento junto con su armadura de Adamas, desapareciendo completamente en un momento.

 

-¿Qué fue eso? -Shiryû engulle en seco.

 

-Ese es el “temor” de Typhon -explica Mei-. A aquel que pronuncia el nombre del dios que rinde culto se le arrancará la lengua y perderá el habla. Quien escuche su nombre llamado por su dios verterá sangre por los oídos y enloquecerá. Esa es la creencia de los Gigas.

 

-¡Ustedes dos! ¿Están bien? -las luces se encienden con la entrada de Nicole en la biblioteca-. ¡Yulij! -el oficial mayor está horrorizado delante de la tragedia-. Es el Giga Pallas, el Espíritu Estúpido... -susurra.

 

-Pallas se suicidó pronunciando el nombre de Typhon -dice Mei-. Era el último de los Gigas cuyos sellos rompí.

 

El joven aún está sorprendido con sus habilidades de Saint. Siente que el traje le está enseñando a manipularlo. El movía el cuerpo guiado por el Cloth. En sus manos, los hilos cortantes son como parte de su cuerpo.

 

-Tengo noticias de Typhon -la voz de Nicole interrumpe los pensamientos de Mei.

 

-¿El señor descubrió alguna cosa? -El joven levanta el rostro en la dirección del oficial mayor, que responde con una voz pesarosa.

 

-Shun...

 

-Sangre (Parte 1)-

 

Existe en el Santuario un humilde cementerio. Allí reposan los Guerreros de Athena, algunos famosos, otros menos conocidos. Muchas tumbas no deben tener cuerpos sepultados. Las lápidas son simples piedras con nombre, clase y, en algunos casos, la constelación de los Saints. Algunas completamente cubiertas de musgo.

 

-Pero una compañera que perdimos... -balbucea Seiya, que recibió la noticia de la muerte de Yulij al volver de su misión.

 

-Conseguimos salvarla una vez... -dice Hyôga, con el mirar perdido en dirección de la tumba recién construida.

 

Desde los tiempos inmemoriales de las antiguas leyendas mitológicas, Saints tan numerosos como las estrellas en el cielo luchan por el amor y por la justicia en la Tierra, cumpliendo su destino.

 

Yulij, Bronze Saint, Sextante. Nada en la inscripción indica que esa es la tumba de una mujer.

 

-En cada combate, yo solo pedía una cosa... -la voz de Nicole está llena de tristeza- que no necesitase decir una frase de despedida. El oficial mayor concluye la ceremonia.

 

-¿Eso es todo? -Mei presiona los labios delante de la lápida de Yulij. Siente que el homenaje fue demasiado corto para la nostalgia que siente.

 

-¿Y qué querías? ¿Un entierro colosal como los emperadores de la antigüedad? -el tono de Nicole trae algo de sarcasmo-. ¿Deberíamos acaso hacer una fiesta para celebrar su pase y llorar durante siete días y siete noches? -continúa-. No necesitamos ostentaciones. Tampoco necesitamos tumbas. La paz en la Tierra es la mayor prueba de que cada uno de los Saints estuvo aquí. Aunque algún día las personas se olviden de nosotros, las estrellas jamás nos olvidarán.

 

Las palabras de Nicole reverberan el espíritu de Mei y su destino trazado por su Cloth negro. Él es un guerrero de la Gigantomaquia.

 

-Sangre (Parte 2)-

 

En los Aposentos del Pontífice, Nicole muestra a Seiya el pedazo de la Cadena Triangular del Cloth de Andromeda. La primera reacción del joven es ofrecerse rápidamente para rescatarlo.

 

-Shun fue a Anatolia. ¿Estoy en lo correcto, oficial mayor? -Hyôga también está preocupado por su compañero y hermano.

 

-Fue al Monte Arima -responde el oficial mayor.

 

-La Cadena Triangular es la cadena de ataque -comenta Shiryû , sintiendo el artefacto con sus manos-. Shun sacrificó su propia arma, renunciando a la lucha para alertarnos del peligro.

 

-¿Qué enemigo intimidaría a un Saint como Shun? -alguien pregunta.

 

-¡¡Sólo pueden ser los Gigas!! -grita Seiya, impaciente-. Yulij fue asesinada por un Giga que invadió el Santuario.

 

-Cálmate, Seiya -Athena, que hasta ahora estaba sentada en su trono, habla por primera vez, haciendo que todos los presentes se queden en silencio para oír la voluntad divina a la cual dedican su vida-. La vida o la muerte de Shun depende del destino de su estrella. Pero vamos a hacer lo mejor que podamos por él.

 

Para sorpresa de Seiya, Hyôga y Shiryû, en ese momento un grupo de Saints entra en los Aposentos del Pontifice.

 

-Llegaron -confirma Nicole, volteándose en dirección de la puerta.

 

Los recién llegados se presentan:

 

-Wolf Nachi.

 

-Lionet Ban.

 

-Hydra Ichi.

 

-Bear Geki, a su disposición.

 

-Unicorn Jabu. Atendiendo la orden divina, nos presentamos en el Santuario.

 

Con eso aquellos Bronze Saints se arrodillan delante de Athena

 

-Gracias por haber venido de tan lejos -responde la diosa.

 

-Vinimos para reforzar las defensas del Santuario...

 

-Jabu trae el Cloth de Unicorn, con un cuerno solitario en el casco. Es parecido a Seiya y los dos tienen la misma edad. La principal diferencia es su piel, más morena, probablemente por venir de Argelia, donde cumplía su misión de Saint.

 

-Jabu, Nachi, Ban, Geki e Ichi -dice el oficial mayor en un tono lo más “oficial” posible-, su misión ya fue comunicada: deben formar un círculo protector alrededor del Santuario y defender a Athena.

 

-Si señor -responde Jabu-. También me gustaría volver a ver a Mei, ahora que sabemos que está vivo.

 

-¿Mei? -llama Seiya, mirando alrededor.

 

-¿Alguien vio a Mei? -pregunta Nicole, con un aire preocupado.

 

-Él estaba con todos en el entierro...

 

-¡¡¡¡Llegueeeeeeeeeeeeé!!!!

 

Seiya es interrumpido por la voz aguda de un niño, más joven que los otros, que entra en los Aposentos del Pontífice. Es Kiki.

 

-Misión cumplida, señor Nicole -dice el pequeño haciendo una reverencia torpe.

 

-¿Misión...? -la expresión del oficial mayor es de sorpresa pura.

 

-¿Cómo así? ¿El señor no me mandó a tele-transportar a Mei al volcán Arima?

 

-Yo no di esa orden -responde Nicole.

 

-¿No? ¿En serio? Fue lo que me dijo Mei, por eso yo... -Kiki está confundido.

 

-¿Quiere decir que Mei fue a salvar a Shun solo? Grita Shiryû.

 

-Creo que está sintiendo culpa por lo que ocurrió con Yulij y Shun, además del retorno de Typhon... -Nicole se recrimina duramente por no haber sido capaz de percibir que Mei se responsabilizaba por los acontecimientos.

 

-¡Kiki! ¡Llévanos a todos al volcán Arima!

 

-D... ¡¡De acuerdo!!

 

-Espera, Seiya -interrumpe Nicole.

 

Altiva, Athena se aproxima a sus Saints plácidamente, llevando su cetro que representa a Nike, la diosa de la victoria. Su largo vestido se agita suavemente.

 

-Nicole tiene la obligación de estudiar y analizar los hechos un poco más que tú -dice la diosa-. Si Typhon está en el Monte Arima, eso significa que probablemente ya exista allí un campo de fuerza protector.

 

-¡El Flegra de Llamas Terrenales! -Seiya recuerda el campo de fuerza de Typhon, que absorbía el Cosmo y que tanto perjudicó en el Etna.

 

-Nicole -Athena desvía los ojos agrisados hacia el Pontífice en ejercicio.

 

Comprendiendo la voluntad de Athena, el Saint de Altar parte en busca de una pequeña caja, la cual ofrece a la diosa. Dentro de ella hay una daga brillante como una joya. Athena mira con ternura a Seiya, Hyôga y Shiryû.

 

-Vengan hasta aquí.

 

Los tres Guerreros Sagrados atienden la llamada de Athena.

 

-Que la sangre proteja a mis Saints -la diosa aproxima el filo a su muñeca. Es tan afilada que basta un leve toque para hacer un corte. Sin vacilar, Athena la hace correr por su brazo. La noble sangre divina dibuja un hilo bermellón sobre la piel clara.

 

Las tres Bronze Cloths, Pegasus, Cygnus y Dragon, reciben gotas de sangre de Athena y así obtienen una protección de su soberana voluntad.

 

Después ofrece la protección de su sangre también al Cloth de Altar. Athena devuelve la daga a Nicole. El Saint recibe respetuosamente el arma, limpia la hoja con un tejido blanco y la coloca nuevamente en la caja.

 

-Mientras lleven estos Cloths consagradas con la sangre de Athena, no sufrirán con el campo de fuerza protector de Llamas Terrenales de Typhon -explica el oficial mayor.

 

-¡Entonces ahora podemos ir!

 

-Seiya... Hyôga, Shiryû, acompáñenme hasta el volcán Arima.

 

-Kiki, perdóname por pedirte tanto. Pero ahora, más que nunca, cada segundo es importante. Es hora de una tele-transportación más.

 

-Le confío a Shun, Mei y todos aquí -Athena dice serenamente a Nicole, mientras Tatsumi procura detener, apresuradamente, la hemorragia de la muñeca de la diosa.

 

-Está claro, Athena. Sin Mei, será muy difícil sellar a Typhon -antes de dejar la sala, Nicole hace una última reverencia.

 

-¿Qué es lo que quieres decir con “sin Mei”? -pregunta Seiya.

 

-Estaba hablando del destino de la constelación de Mei. Te contaré eso más tarde. Ahora no es el momento -completa Nicole.

 

-Sangre (Parte 3)-

 

Al despertar de una pesadilla en la cual se arrastraba por el suelo como una oruga, Shun siente escalofríos que lo entorpecen hasta la punta de los dedos.

 

-Esta sensación... -es como si el Cosmo se vaciase de su alma-. El campo de Fle...

 

-El Saint de Andromeda -lLa voz áspera de Typhon interrumpe los pensamientos de Shun-. ¿Estás sintiendo temor?

 

Mirando fijamente al joven, allí está el dios asimétrico de llamas y relámpagos, el último de los Gigas, con su armadura brillante y oscura de Adamas. Shun es su prisionero.

 

-¿Por qué tengo la impresión de que ya te conozco? -pregunta el dios monstruoso-. Siento que ya luche contigo. ¡Ah, claro! Son las memorias de mi querido hermano Thoas.

 

¿Será que los recuerdos de Thoas, el Relámpago Veloz, se transfirieron a Typhon cuando él lo devoró en sacrificio? Shun tiene dificultades para encarar al dios de los Gigas: las llamas y relámpagos que emanan de Typhon parecen quemar sus retinas. Y él está cada vez más poderoso. Shun no lo sabe, pero Typhon acabó de devorar a Pallas, el Espíritu Estúpido, aumentando aún más su poder.

 

-Veo que no eres un simple humano, Andromeda -dice la creatura-. Tu eres el receptáculo de uno de los dioses del Olimpo. No me olvido del sabor de tu sangre y del Cosmo que absorbí, recuerdo poco, en el monte Etna. ¡No podría desear un sacrificio mayor!

 

Typhon se inclina hacia delante y toca el rostro de Shun. Un choque eléctrico alcanza los centros nerviosos del cuerpo del Saint, que se contrae involuntariamente en un espasmo violento.

 

-¡Voy a devorarte! -Typhon se moja los labios con su lengua negra.

 

-Soy un Saint de Athena -responde Shun-. Jamás me rendiré a tu temor.

 

-No hay como escapar del temor -dice Typhon, volteándose-. Me gustaría devorarte ahora, pero tengo que esperar.

 

El dios de los Gigas sale del campo de visión de Shun, revelando un altar. Sobre él, envuelta en un “Capullo de Tiempo”, reposa una imagen de una mujer embarazada, mitad humana, mitad serpiente. “El Calabozo del Tiempo Estancado”.

 

-Andromeda, voy a devorarte en ocasión del nacimiento de mi nuevo y verdadero cuerpo carnal.

 

-¿Aquella mujer está viva?

 

-Ekhidna. La última de las mujeres Gigas -revela Typhon-. Un monstruo mitológico, diseñada por el temor de los frágiles humanos. Es mi forma femenina. Arranqué sus piernas para que no huya.

 

De hecho, Shun percibe que la mitad inferior de Ekhidna, la parte de serpiente, está atrapada en el pedestal por varios clavos.

 

En ese momento surgen tres figuras no identificadas.

 

-Padre -dicen las sombras.

 

-Mis hijos... ¿Qué son esos Cosmos pequeños que me irritan con su implicancia?

 

-Aparentemente, los Saints de Athena volvieron a invadir estas tierras -responde la sombra de Ladon, el Dragón de Cien Cabezas.

 

-Son como insectos en verano. ¡Mátenlos! -ordena el dios de los Gigas-. ¡Más que eso, devoren a cada uno de ellos!

 

-Sí, Padre -respondiendo con obediencia absoluta, los hijos de Typhon dejan nuevamente el templo subterráneo.

 

“¿Será que son Seiya y los otros?”, piensa Shun. “Entonces la Cadena de Andromeda llegó a Athena”.

 

-El “Tiempo Estancado” en breve se romperá -repite Typhon, lanzando una mirada maligna en dirección a la mujer del altar. Y entonces, volteándose hacia Shun:

 

-Voy a devorarte, Saint.

 

-Sangre (Parte 4)-

 

De pie sobre una roca que recuerda un sombrero puntiagudo, Seiya examina el paisaje a su alrededor. Está en uno de los muchos bosques de piedra del valle de Anatolia, una región desolada, distante de la civilización. El Saint no ve ningún tipo de luz, ninguna señal de alguna habitación. Detrás de él están Hyôga, Shiryû, Nicole y Kiki, que los teletransportó del Santuario hasta allí.

 

-¿Oficial Mayor, cuál es la relación de esta tierra con Typhon? -pregunta Shiryû.

 

-Un poema épico griego cuenta una historia llamada “La morada de Typhoeus”

 

-¿Typhoeus? ¿Sería sobre Typhon?

 

-La verdad, es sobre la esposa de Typhon. ¿Ya olvidaron el nombre de Ekhidna? -pregunta Nicole a los Bronze Saints.

 

-Madre de monstruos -responde Hyôga.

 

-Sí, muchos monstruos de la mitología griega son considerados hijos de Typhon con Ekhidna: el León de Nemea; la serpiente venenosa Hidra, Kerberus, el perro del infierno; el buitre que devoró las vísceras de Prometeo encarcelado...

 

-¡Espera ahí! ¿Esos monstruos no son constelaciones? -indaga Seiya.

 

-Lo son, sí -explica Nicole-. Esa leyenda es una de las muchas historias envolviendo a las figuras que dieron nombre a las constelaciones. Esos monstruos son fruto del miedo... Del “temor” de las personas. Tal vez los humanos habrían intentado apaciguar a esas criaturas aterrorizantes llevándolas a los cielos. Además de eso, creo que el destino de las estrellas no existe solamente para los humanos, sino también para los Gigas.

 

-¿Usted piensa entonces que los Gigas también tienen sus constelaciones y ven las estrellas?

 

-Exactamente Shiryû -Nicole levanta los ojos hacia el cielo nocturno-. El firmamento es el recipiente de este universo, en el cual todos los Cosmos y todas las Voluntades Divinas se mezclan.

 

En ese momento, los cuatro Saints verifican sus Trajes Sagrados. Admiran el brillo de las estrellas que honraban. Están bajo la protección de la sangre de Athena. Contemplan su destino.

 

-Vamos a salvar a Shun.

 

-Y a Mei.

 

-Y vamos a vencer, por Athena.

 

Nicole ve a los tres jóvenes colocar las manos unas sobre las otras, señalando el compromiso de cumplir la misión.

 

-¿Pero... y yo?

 

-Tú te quedaras esperando aquí, Kiki. Cuando sientas que estás en peligro, escapa enseguida. Tu fuerza es necesaria para Athena.

 

-¿Es cierto? Hummm, creo sí... Sin mí, las cosas no ocurren, ¿cierto? -feliz con el elogio de Nicole, Kiki busca un lugar para sentarse y esperar a sus compañeros, que salen inmediatamente disparados por el bosque de piedras.

 

Los cuatro corren manteniendo una distancia fija entre sí. Lo que ellos deben hacer no es protagonizar una historia de heroísmo y bravura para ser contada por milenios. Todo lo que harán es por el amor y por la justicia en la Tierra. Por sus compañeros y por Athena.

 

-Aún no siento el campo de fuerza de Flegra -grita Seiya a los otros-. El bosque de piedra no está sobre la maldición de Typhon, por lo tanto, al encontrar el campo de fuerza, encontraremos también al dios de los Gigas.

 

De repente sonó un ruido, una especie de grupo insurrecto. Los Saints de detienen y asumen posición de combate. El suelo se abre.

 

-Sangre (Parte 5)-

 

El bosque de piedra grita. El viento que recorre las rocas hace vibrar el aire y amenaza a los invasores como un arpa estridente. El suelo cede. La superficie se desmorona como una concha vacía y los Saints son tragados hacia el centro de la tierra, perdiéndose unos de los otros en medio de las sombras de las rocas y el polvo que cae.

 

El cráter es grande, lo bastante para abrigar varios anfiteatros y va haciéndose cada vez más profundo, hasta que ellos finalmente encuentran el fondo. Con eso la tierra se hace silenciosa nuevamente.

 

-Uff -Hyôga tose, empujando una roca gigantesca-. ¿Dónde estoy? -El Saint percibe que perdió contacto con el Cosmo de Shiryû, Seiya y los otros.

 

El aire está saturado de polvo. Es imposible mantener los ojos abiertos. De cualquier forma, Hyôga está muy debajo de la superficie. Y aunque pudiese abrir los ojos, la oscuridad es absoluta.

 

Mientras caía, Hyôga saltó instintivamente hacia un agujero lateral del cráter. Si hubiese caído hasta el final, abría sido aplastado por el volumen colosal de las rocas.

 

-¿Otra artimaña de los Gigas? -Se pregunta el joven, ahora separado de los otros Saints.

 

Un ventarrón tenebroso recorre el espacio vacío de la tierra. Hyôga siente como si una centena de serpientes lamiesen todo su cuerpo.

 

-¿Ahora... conseguiste sobrevivir al desmoronamiento?

 

Hyôga se voltea en dirección de la voz y para su sorpresa consigue abrir los ojos. El polvo, antes tan denso, desapareció completamente.

 

Esta es una caverna con luces vacilantes entre el rojo y el marrón, que recuerda mucho al templo subterráneo del Monte Etna. Hyôga está sorprendido por la existencia de un espacio tan amplio bajo el volcán Arima.

 

-Ese Cloth... no es un traje cualquiera -continúa la voz, grave como de una fiera gruñendo.

 

-¿Ah, lo percibiste? -Hyôga ya consigue visualizar al enemigo: es uno de los Gigas.

 

-Dentro del campo de fuerza de Flegra, armada en el interior de este templo subterráneo, tu Cloth repelió el “temor”.

 

-¿Typhon está aquí?

 

-Debe ser la protección de la sangre de Athena.

 

-Hyôga, de la constelación de Cygnus.

 

-Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo.

 

Su Adamas tiene un brillo de un zafiro estrella del color de las tinieblas, una piedra noble y rara, que trae en su profundidad un azul intenso, los rayos centellantes de las estrellas.

Hyôga reconoce el nombre del monstruo de la antigüedad. La figura que está delante parece ser hecha de roca maciza. Aunque tiene la misma altura que los otros Gigas, su torso y abdomen son de proporciones colosales, transmitiendo una densidad comparable al de un oso polar, un mamífero de media tonelada que es el mayor animal carnívoro del planeta.

El Giga usa un collar de espinas y una armadura de Adamas de formato poco común, recordando un valiente y rugoso perro Mastiff.

 

-Tú eres hijo de Typhon y Ekhidna. El Giga que invadió el Santuario declaró que había nuevos Gigas, hijos del dios...

 

-Yo soy uno de ellos.

 

Su rostro estaba enteramente cubierto por un yelmo. Las hombreras tienen imágenes que representan al propio Maléfico Can Bicéfalo, con sus dientes la muestra como si estuviera siempre preparado para morder a los enemigos. Parece tener tres cabezas, incluyendo el yelmo.

 

-Entonces tú eres mi enemigo.

 

Un cristal de nieve danza en suspensión, congelando el aire. Los sonidos finos de las crepitaciones punteadas por el frío en la atmósfera son el silencioso preludio del guerrero, al elevarse el Cosmo de Hyôga.

 

-Te voy a devorar.

 

-Que mal gusto -responde Hyôga, sintiendo un terrible malestar.

 

-Sangre (Parte 6)-

 

Después de haber sido prácticamente sepultado vivo, Seiya se abre camino destrozando las rocas que caían sobre él, levantándose de la tierra como un muerto resucitado. El joven se limpia los ojos y escupe enérgicamente el barro que se acumuló dentro de su boca.

 

-¡Dios! No tendría ninguna gracia morir en un lugar como este -dice para sí mismo, tal vez para aliviar la tensión.

 

Encima de él la salida está parcialmente soterrada. Seiya no consigue divisar el fondo. En el lugar hay una luminosidad turbia, ocupando el aire en el interior de la caverna y revelando los contornos de la roca.

 

-¡Igual que el Monte Etna! Entonces aquí también es...

 

-Tierra Sagrada de mi padre.

 

Seiya da una ágil media vuelta y asume posición de combate, poniéndose en guardia con los brazos.

 

-¿Quién eres, que apareces así de repente? Casi me matas del susto -provoca Seiya, reconociendo en el enemigo la figura de un Giga-. ¡Entonces aquella abertura en la tierra fue una artimaña de ustedes!

 

-No era nuestra intención que el combate se resolviera así -dice el monstruo-. Si muriesen simplemente de esa manera, no podríamos vengar el odio acumulado a lo largo del tiempo por los Gigas. Quiero saber tu nombre.

 

-¿Para qué? ¿Para escribirlo en un libro de historia? -ironiza el joven.

 

-Los Gigas no necesitamos registrar la historia. La existencia de mi padre es la prueba de que los Gigas sobrevivirán -después de eso el enemigo surge de las sombras completamente y su figura monumental domina la caverna, llena con la voluntad de Typhon.

 

Seiya detiene la respiración delante de lo que ve. El Giga tiene alas formadas por membranas estiradas sobre huesos como las de los murciélagos. La espada en la mano izquierda es una serpiente venenosa. El escudo en la mano derecha es una cabra, cuyos cuernos evocan a las antiguas representaciones del diablo. Esos objetos hacen que la figura parezca un fantasma sacado de una caballería medieval. El brillo del Adamas que cubre todo su cuerpo es de rubí estrella, pero del color de las tinieblas. Otra piedra preciosa, rarísima, de un rojo tan intenso que llega a ser cruel, resguardando en su interior las llamas de estrellas enloquecidas. En su rostro, una máscara que imita la cara de un león.

 

-¿Dijiste padre? ¿Estás hablando de Typhon? -pregunta Seiya.

 

-Estoy preguntando tu nombre por una única razón -el Giga cambia de tema, completamente preparado para el combate-. Tengo que saber el nombre de la carne que voy a comer.

 

Seiya se irrita con la forma en que el monstruo le encara. Pateando el suelo, toma impulso para lanzarse en dirección del oponente.

 

-¡¡PEGASUS SUISEI KEN!! (Puño Cometa de Pegaso) -grita envolviéndose en un aura blanco azulada.

 

Un brillo intenso. Sus puños se dirigen al enemigo a una velocidad mucho mayor que la del sonido. El ataque mortal rompe el campo de fuerza de Llamas Terrenales y por eso puede ser lanzado con su energía de siempre.

 

Pero un inesperado contraataque lanza a Seiya al suelo: el violento golpe aplicado por el escudo sostenido por el Giga hace que el joven caiga a una distancia de decenas de metros, formando una columna de agua. Un lago subterráneo. El “Caballero Andante” de los Gigas sube por los peñascos hasta donde Seiya fue lanzado. Aunque torpe, su andar no es de ninguna manera lento.

 

-Ya estaba queriendo lavarme los pies. Ya que, hace unos tres días que no tomo un baño -Seiya encara al enemigo dentro del lago, con el agua hasta la cintura. A pesar de estar golpeado, el joven sonríe con un aire tranquilo, como si no estuviera sufriendo ningún daño-. Está un poco helada, pero creo que ahora ya me desperté.

 

-Ahora, tú...

 

-Para agradecerte, te voy a decir lo que querías saber. ¡Yo soy Pegasus Seiya!

 

-Khimaira, la Bestia Multiforme -se presenta el Giga-. Su cuerpo tiene más de dos metros de altura y su armadura parece ser la propia caparazón del gigante.

 

En la época de entrenamiento de guerrero sagrado, Seiya había aprendido sobre fábulas de monstruos. El joven busca ahora en la memoria alguna referencia que su maestra Marin, la Silver Saint de Eagle, podría haberle dicho sobre la Quimera. La mitad superior del Giga tiene la forma de un león y el inferior del cuerpo es una cabra. En la cola, una serpiente. Es un ser extraño, fantástico, asombroso.

 

-Tú eres hijo de Typhon.

 

-Voy a devorarte.

 

El caballo alado es la creatura fantástica que reúne múltiples animales juntándose en combate.

 

-Sangre (Parte 7)-

 

Altar Nicole también escapó del desmoronamiento, abrigándose en una caverna sobre el volcán Arima.

 

-Oficial Mayor... -llama Shiryû , el Saint de Dragon-. ¿Dónde están Seiya y Hyôga?

 

-No lo sé. Aparentemente, cayeron muy debajo de donde estamos -responde Nicole.

 

-¿Estamos en lo profundo de un foso? -pregunta el Saint ciego.

 

-En una caverna. Por lo que veo, hay marcas artificiales en las paredes. Tal vez sea un templo subterráneo de los Gigas. También parece que hay un campo de fuerza Flegra. Estoy preocupado por Shun y Mei...

 

-Señor, por lo que Kiki nos dijo, no debe ser más de una hora que él trajo a Mei al volcán Arima.

 

-Espero que él esté bien.

 

-Si este fue el templo de Typhon, debemos ir para abajo. Encontraremos a Seiya y a Hyôga -sugiere Shiryû-. Consigo sentir el Cosmo de ellos, aunque apenas mínimamente.

 

-¡No me digas! Yo no lo consigo. Deben ser los lazos de sangre, ustedes son hermanos -Nicole sonríe.

 

En ese momento un temblor hace que los subterráneos del Monte Arima vibren nuevamente.

 

-¿Otro desmoronamiento? -Nicole mira para lo alto.

 

-No... Esto es... -sin tiempo de explicar, Shiryû sale corriendo en dirección de un Cosmo que sugiere una estrella moribunda-. ¡Por aquí señor!

 

En los corredores por donde siguen, la luminosidad está más reducida. Shiryû, aunque sea ciego, avanza como si guiase a Nicole por la penumbra. Llegan a una abertura más, más iluminada. Delante de ellos dos está...

 

-¡Mei!

 

...la figura del Saint vestido con su traje negro, herido y caído. Echado boca abajo, parece querer levantar el rostro, gimiendo.

 

-¿Estás bien?

 

Sin hacer ninguna mención de su resguardo, Nicole corre en su dirección.

 

-¡Pare! ¡No venga! -grita Mei con la voz debilitada, casi inaudible.

 

En ese instante se hace más completa la oscuridad. ¡Metsu! Un ataque viniendo de las tinieblas atraviesa el pectoral del traje sagrado de plata como si fuese hecho de papel. Un sonido sordo. La protección de la estrella de Nicole parece estarse agotando.

 

-¡Oficial Mayor!

 

Algo lo atraviesa por la espalda. No hay nada que Shiryû y Mei puedan hacer. No hay como regresar en el tiempo. El fin de una vida no puede ser cambiado. La sangre inunda los pulmones de Nicole después su pecho se rompe.

 

Mei se aproxima a Nicole, arrastrándose. El Saint de la constelación de Altar cae boca abajo, sin nada para amortiguar su caída.

 

-¿Mei... estás bien? -pregunta el debilitado Nicole, preocupándose por los demás hasta en su último momento.

 

-¿Por qué no se puso en guardia? ¿Una persona como usted, señor...? -Mei, con sus cabellos plateados ungidos de sangre, se arrastra al percibir que la muerte de Nicole es inevitable-. ¡Eso fue un descuido!

 

-Tienes razón... estoy avergonzado -admite el Oficial Mayor-. Perdí el control cuando te vi caído. Solo tenía en mente que tú eres necesario, Mei. Tú estabas a punto de traicionar la confianza de Athena... Yo dije que había un secreto oculto dentro del Santuario... la historia de la antigua Gigantomaquia... Sin ti... sin el Cloth de Coma, sería muy difícil sellar a Typhon...

 

-Ahorre sus energías... No diga nada más...

 

-Sella a Typhon -Nicole gasta toda la fuerza que le queda-. Tu Cloth te guiará... Será la voz de las estrellas... y sólo tú podrás oírla...

 

-Sí...

 

-La única cosa que lamento... como Pontífice... -la mirada de Nicole va perdiendo fuerza- es no saber cuál es el destino confiado a ti y a tu traje. Eso no está en la historia oficial. No está en ningún libro histórico. Ni Athena reencarnada sabe... la sangre de Athena consagrada en tu traje negro... en aquel pasado distante... te contará cuando llegue la hora.

 

-La protección de la sangre de Athena... -repite Mei.

 

-Podría ser un destino terrible para ti... Aún así, estoy obligado a dar la orden. Mei... ahora veo que el destino de mi estrella fue decirte esto. Sella a Typhon -son las últimas palabras de Nicole. En ese instante, otra estrella cae del firmamento.

 

Nicole, Silver Saint, Altar. Tal vez su tumba no tenga restos mortales.

 

-¡¡Oficial Mayor!!

 

-Shiryû -advierte Mei- ten cuidado... El enemigo...

 

Shiryû corre en dirección a Mei, investigando el interior de la caverna. Sus movimientos son interrumpidos por un Cosmo devastador.

 

-¡Apareció un insecto ruidoso más! -la presencia domina la caverna oscura.

 

-¡¡Tú me usaste como cebo!! -grita Mei-. ¡Es todo culpa mía! -arrepentido, Mei se muerde el labio inferior con tanta fuerza que la sangre recorre su barbilla.

 

-Mi padre ordenó que los devorásemos a todos ustedes, Saints -dice la voz que comanda a los Gigas hijos del dios.

 

-¿Quién eres tú? -Shiryû no lo ve, pero puede medir al temible Giga que está delante de él por la escala absurda de su Cosmo. Si pudiese divisarlo, ciertamente estaría aún más apabullado.

 

-Ladon, el Dragón de Cien Cabezas -declara la voz, Mei se levanta tambaleante. Sus heridas son profundas y sangrientas: tienen los músculos de la pierna divididos, como si la carne hubiese sido rasgada a mordiscos.

 

-Ladon... Ese es el nombre de uno de los hijos de Typhon y Ekhidna en la mitología. ¡El Dragón Maligno! -grita Shiryû.

 

-Es el Giga hijo del dios del que hablaba Pallas... -completa Mei.

 

-Aquí estoy -proclama Ladon. El brillo de su Adamas era de ópalo Negro, una gema rara que irradia nebulosas estelares con todos los colores del arcoíris del firmamento de denso ébano.

 

-Vete, Mei -ordena Shiryû-. Seiya y Hyôga deben estar debajo de esta caverna. ¿Sientes el Cosmo de ellos, no es así?

 

-¿Crees que voy a abandonarte?

 

-El Oficial Mayor me contó... sin ti y tu traje, será imposible sellar a Typhon.

 

-Pero...

 

-No repitas el error -Shiryû no tiene otra opción que abofetear al reluctante Mei-. ¿Para qué somos compañeros? ¿Para qué somos hermanos? Tú no estás luchando solo.

 

-Mei... tengo una cosa que necesito contarte -confiesa Shiryû-. En la Batalla de los Doce Templos yo luché con tu maestro, el Gold Saint de Cancer... y lo derroté con estos puños.

 

-Lo sé -responde Mei-. Lo sé todo a través del Oficial Mayor... de Nicole. Él me contó antes de que yo me encontrara contigo en el Templo de Cancer.

 

-¡Tú lo sabías!

 

-Aquel hombre -Mei abre el corazón para su hermano-. Aunque había sido un Saint maligno que se volvió contra Athena, continúa siendo mi maestro. Al mismo tiempo, tú y yo tenemos la misma sangre. Nunca voy a comparar las dos cosas.

 

-Mei... gracias. Esta conversación me libra de un peso enorme en el corazón -Shiryû sonríe, una sonrisa de alivio.

 

Delante de la actitud honesta de su hermano, Mei también se siente redimido, a salvo.

 

Antes que puedan despedirse, Ladon, el Dragón de Cien Cabezas, se coloca delante de la dupla.

 

-¿Crees que dejaré que él se vaya así? -pregunta el monstruo, refiriéndose a Mei.

 

-Yo, Dragon Shiryû, voy a probar que sí.

 

-¿Dragón...? -por primera vez, el Giga de máscara metálica revela algo que puede recordar a un sentimiento.

 

-¡Elévate, Cosmo! ¡Toma esto! El mayor ataque de este Saint...

 

El Dragón celestial, resplandeciendo en un brillo blanco azulado, se abriga en el puño derecho de Shiryû.

 

-¡¡ROZAN SHÔ RYÛ HA!! (Supremacía del Dragón Ascendente de Rozan)

 

-Cronos (Parte 1)-

 

En el lago subterráneo bajo el volcán Arima, Pegasus Seiya y Khimaira, la Bestia Multiforme, se encaran frente a frente.

 

-¡Tú eres hijo de Typhon!

 

-¡Voy a devorarte! -proclama el “Caballero Andante” de los Gigas, equipado con una espada de serpiente venenosa, el escudo de cabra y el Adamas de rubí estrella del color de las tinieblas.

 

-Ustedes, Gigas, son muy vulgares, ¿sabías? -Seiya, a su vez, está completamente desarmado. Los Guerreros de Athena luchan solamente con el cuerpo, pero eso no significa que no sepan usar armas. Necesitan saberlo, ya que sus enemigos no siguen ninguna prohibición en ese sentido. Así, aunque lo primordial es el cuerpo, el entrenamiento de los Saints incluye el combate contra oponentes armados.

 

Las articulaciones de la pesada armadura de Adamas del Giga crujen con sus gestos. Para Seiya, dotado de la agilidad de un caballo que recorre los cielos, los movimientos del monstruo son torpes como los de un títere mal dirigido.

 

-Tu armadura parece pesada -provoca el joven-. ¿Crees que un lerdo como tú sería capaz de golpear a Pegaso?

 

En ese instante, Khimaira lanza un ataque cortante en dirección a Seiya, un golpe pesado y duro, pero sorprendentemente rápido, como una ráfaga de viento. El Saint siente escalofríos en la espina dorsal al esquivar por un pelo la trayectoria de la hoja, retrocediendo hasta una roca plantada en medio del lago subterráneo. Agitando la enorme espada en movimientos circulares solamente con la mano derecha, el Giga se aproxima a Seiya, paso a paso, con un andar torpe, pero preciso.

 

-¿Qué es esa espada? -se pregunta Seiya. La espada de serpiente en la mano de la Bestia Multiforme tiene el filo dentado como el de un serrucho.

 

-Recibe la ardiente hoja asesina -anuncia Khimaira, mientras la serpiente venenosa traza un arco flameante, emanando un calor infernal-. ¡¡ANTHRAX!! (Ántrax).

 

Alcanzado por el golpe incendiario, Seiya es lanzado nuevamente hacia el lago subterráneo, donde un rastro de vapor de agua marca la trayectoria de la espada de Khimaira. El Saint se levanta, después de tragar un poco de agua. A pesar de ser amplio, el lago es poco profundo: Incluso en las áreas más profundas, el agua no llega a la cintura de Seiya.

 

-No puedo creerlo... ¡El Cloth! -grita el Saint, perplejo.

 

La parte más poderosa del Traje Sagrado, el pectoral, presenta marcas profundas de la hoja dentada, descendiendo desde el hombro izquierdo. Si Seiya hubiera estado un paso al frente, su corazón hubiera sido alcanzado por las llamas.

 

Khimaira camina dentro del lago, lanzando otro golpe de la enorme hoja contra Seiya, haciendo su Adamas crujir y generando una inmensa columna de agua. El Saint no tiene más opción que retroceder lo máximo posible ante la impetuosidad de las explosiones.

 

“El momento en que él inicia el ataque es extraño”, piensa Seiya. “¡Es imposible calcular o contraatacar!”

 

De hecho, parece haber una extraña variación dentro de cada ataque de Khimaira: el movimiento de su brazo, el paso que da para el impulso, la velocidad de la espada y su trayectoria no parecen pertenecer al mismo ataque, tardío, precipitado. Todo eso confunde a Seiya.

 

“¡Es como... si no fuesen movimientos humanos!”, concluye el joven, antes de contraatacar:

 

-¡¡PEGASUS RYÛSEI KEN!! (Puño Meteoro de Pegaso).

 

Pero su esfuerzo es inútil. Centenas de meteoros que superan la velocidad del sonido son nuevamente repelidos, sin ninguna excepción, por el escudo de cabra.

 

-¿A dónde estás mirando? ¿Se te hace tan gracioso jugar a lanzar el agua a lo alto? -ironiza el Giga, en medio de los chorros de agua resultantes del impacto del golpe en el lago. Seiya se aprovecha de la cortina de agua que bloquea la visión de Khimaira y se posiciona atrás del monstruo.

 

-¡¡Seguro: PEGASUS ROLLING CRASH!! (Choque Giratorio de Pegaso) -Seiya da un salto rápido, apoyándose en el cuerpo del Giga, pero el contacto hace que grite de dolor: sus manos, sus brazos y su pecho parecen haber tocado brasas. Los dedos le arden dolorosamente; están quemados. Al mismo tiempo, el agua alrededor de Khimaira comienza a evaporarse.

 

-Esta armadura ardiente trae consigo la llama de las estrellas -explica el Giga, con una sonrisa maligna.

 

-Entonces es ese el poder del Giga hijo del dios... -Seiya está pálido de sorpresa y miedo, la reacción natural de su instinto de guerrero. El monstruo era como una fuente de calor intenso, que lentamente va calentando todo el lago, a pesar del gigantesco volumen del agua. El Cosmo de la fiera que combina con varias otras en sí, parece ilimitado.

 

-¡Voy a devorarte! -con eso la espada de Khimaira brilla en llamas luminosas-. ¡¡ANTHRAX!! (Ántrax).

 

El ataque acierta en el Saint apenas raspándolo, cortando el agua del lago subterráneo, que se evapora completamente. Todo el ambiente está cubierto por un calor húmedo, como el de un sauna.

 

-No sabes reconocer el momento adecuado para morir -dice Khimaira.

 

-La punta de la hoja solo rozó en mí... pero parece que me quemó todos los nervios... -Seiya contrayéndose de dolor. Fue alcanzado en las piernas por la espada. Su forma de serrucho es aún más terrible que el corte de una hoja afilada: la carne, rasgada, no puede ser suturada y a la hemorragia le cuesta pararse.

 

Cubierto por el vapor blanquecino del agua. Khimaira mira a Seiya con desprecio. Tiene ojos de león, en el escudo una imagen de una cabra demoníaca en la mano izquierda y la espada que parece una serpiente venenosa en la derecha.

 

-Terminemos aquí, Pegaso... Sin las piernas que tanto te enorgullecían, no podrás esquivar el próximo ataque. Y ahora que recuerdo, existen otros Saints en este Templo, no puedo perder más tiempo contigo -declara el Giga-. Acepta ser devorado en silencio. Voy a comerme tu Cosmo.

 

-Nosotros, los Saints de Athena, vamos a derrotar a Typhon y proteger la paz en la Tierra -insiste Seiya, en medio de gemidos de dolor-. ¡Yo siempre superé a mis enemigos con estas alas de Pegaso!

 

Seiya se levanta usando toda su fuerza, inflando al máximo su Cosmo. Su estilo de combate es uno de los más ortodoxos entre los Guerreros Sagrados. Se compone básicamente de puñetazos y patadas, sin poseer técnicas de protección. Es importante recordar que las técnicas de lucha de los Saints no tienen relación directa con la fuerza física. Ellas se definen con base al Cosmo: es por eso que la complexión física de Seiya, pequeña para un guerrero, no representa ninguna desventaja delante de los poderosos y altivos Gigas.

 

Además de eso, el Cloth de Pegasus es una protección fenomenal, que acompaña hasta el límite el movimiento agilísimo de Seiya. A pesar de envolver al Saint como una roca, ella no impone la menor restricción en sus movimientos.

 

-¡Enciéndete Cosmo mío! ¡Enciéndete mientras tenga alma! -provoca Seiya.

 

-En el próximo golpe, entonces, devoraré tu alma -responde el Giga.

 

-¡¡Ahora es el momento de volar, Pegaso!!

 

-¡¡ANTHRAX!! (Ántrax) -la reacción de Khimaira es rápida, pero a la vez, la serpiente flameante muestra sus dientes desalineados. Seiya escapa del golpe con un salto.

 

-¡¡Yo no voy a perder!! -grita el joven.

 

El caballo celestial relincha, envolviéndose en un aura azulada. Es el sonido del Cosmo de Seiya siendo elevado al máximo.

 

-¡¡PEGASUS SUISEI KEN!! (Puño Cometa de Pegaso) -el ataque del cometa, un manojo de centenas de meteoros, hace temblar a lo largo del subterráneo. El rubí estrella pierde su brillo oscuro, volviéndose una piedra opaca, sin el fulgor de las estrellas. Se despedaza el escudo de cabra, la máscara de león, el Adamas noble. Khimaira, la Bestia Multiforme cae con un estruendo sobre el lago subterráneo.

 

Habiendo agotado todas sus fuerzas en el ataque, Seiya se deja desplomar sobre el agua. Al levantarse, mira de reojo al Giga, aún vestido con el Adamas, que ahora parece un traje muerto.

 

-¿Qué es eso? -el Saint no sabe que decir. El interior de la armadura en el fondo del lago transparente está vacío y ya no emite calor alguno. El Cosmo que parecía infinito desapareció junto con las llamaradas.

 

Dominado por una inseguridad indescriptible, Seiya tambalea para atrás y se sienta en las rocas al margen, agotando definitivamente sus energías.

 

-¿Entonces el Giga hijo del dios es solo eso? -se pregunta el Saint. Seiya intenta entonces escalar el peñasco pero el ataque del Cometa desgastó demasiado el Cosmo. Las piernas rasgadas no obedecen y él acaba rodando hacia abajo.

 

-Cronos (Parte 2)-

 

Ahora hay una improbable capa de nieve en las profundidades del volcán Arima y sus paredes están completamente cubiertas de Hielo.

 

-¡Esta energía...! Cygnus, tú usas las técnicas de hielo -Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo, parece estar sonriendo bajo su máscara.

 

-Si ese Cloth recibió la protección de la sangre de Athena, eso explica porqué ella repele el campo de fuerza de Flegra.

 

-No soy de hablar mucho -dice Hyôga.

 

-Pequeño insecto. Por lo menos llora fuerte cuando deje tu cuerpo destrozado.

 

Orthos toma impulso. Sus pies se hunden en el duro suelo, dejando pisadas visibles. El Giga lanza un ataque rastrero, pesado y rápido como una bala de cañón, haciendo pedazos una columna de piedra de cinco metros de diámetro. Esa es la fuerza de los Gigas, que se equipara y puede hasta superar a la de los Guerreros Sagrados que dominan las técnicas de lucha de Athena.

 

-El poder de destrucción es intenso... -desviando su cuerpo con un movimiento fluido de los pies, Hyôga se coloca en un ángulo muerto del punto de vista de Orthos.

 

-Pero, de esa manera torpe, no será problema para Cygnus.

 

El limitado espacio helado es el campo de batalla de Hyôga. Cuando su Cosmo se eleva muy por encima de lo normal, el ataque del Saint destruye y, en ciertos casos, paraliza el movimiento de los átomos. Esa es la técnica de lucha del hielo.

 

-¡¡DIAMOND DUST!! (Polvo de Diamante) -sus brazos diseñan un cristal, congelando el Adamas del Giga y cubriendo con una helada capa blanca el brillo del Zafiro Estrella.

 

Hyôga mira con desprecio a Orthos, ahora un bloque de hielo al lado de los restos de la columna de roca, antes de investigar en un terreno mayor, en busca de sus compañeros. Pero es muy difícil captar el Cosmo de sus compañeros, tal vez por estar en la Tierra Sagrada de los Gigas, saturada con la hostilidad de Typhon.

 

-No consigo sentir bien el Cosmo de Seiya y Shiryû -dice Hyôga para sí-. No sé exactamente dónde, pero siento que los dos están por aquí... Estoy preocupado por Mei y Shun.

 

-¿Estás tan tranquilo que te preocupas por otros? -dice la voz de Orthos. El hielo se rompe con un ruido agudo de cristal astillándose-. Con ese nivel de frío, tú no conseguirás congelar ni la primera capa de mi piel protegida por el noble Adamas -gruñe el Maléfico Can Bicéfalo.

 

-Apuesto que esa armadura esconde una densa capa de manteca -responde Hyôga, en tono de escarnio.

 

-¡¡Voy a hacer que te arrepientas de esa ofensa, Cygnus!!

 

En ese momento, densas tinieblas cercan a los oponentes. La caverna subterránea pierde su sutil luminosidad.

 

-El campo fuerza de Flegra es inútil, cuando estás bajo la protección de la Sangre de Athena -explica Orthos, completamente invisible en la oscuridad. No hay señal de su brillante armadura, cuyas gemas cambian de tonalidad de acuerdo con la frecuencia de luz que incide sobre ellas. En otras palabras, el negro es absoluto.

 

Hyôga está alerta, pero aun así no consigue impedir que su espalda sea alcanzada por un objeto volador que le causa un dolor terrible. Lanzado al aire y rodando por el suelo, el Saint se agacha instintivamente atrás de una roca. Y entonces es alcanzado nuevamente, antes que consiga reincorporarse. Es posible oír el sonido del Traje Sagrado siendo limado por la fricción.

 

-¡¡SAPPHEIROS ENEDRA!! (Trampa de Zafiro) -la voz de la fiera maligna hace eco varias veces, ocultando la localización del Giga.

 

Hyôga está perturbado. ¿Cómo consigue Orthos precisar su localización en aquella oscuridad?

 

-¡Estamos en el Templo de los Gigas! -es el propio monstruo el que explica-. ¡Aquí yo puedo sentir exactamente dónde estás, Cygnus, mientras tú no divisas absolutamente nada! ¡Tiembla ante los colmillos de las tinieblas!

 

Sin la menor señal de un Cosmo, dentadas invisibles penetran profundamente la carne de Hyôga. Orthos suelta una risa provocadora.

 

“Es como ser mordido por un animal salvaje”, piensa el joven. “¿Entonces el monstruo bicéfalo de la mitología existe en el mundo real?” Incapaz de determinar la posición del enemigo, Hyôga se siente perdido en un torbellino de confusiones. “Cálmate”, piensa. “El maestro me enseñó a permanecer calmado en momentos así, durante el combate. Es necesario ser frío como las planicies heladas de Siberia”.

 

-¡Tiembla en la oscuridad, Cygnus! ¡Este es el temor! -la voz de Orthos está llena de sarcasmo. Él ataca nuevamente-. ¡¡SAPPHEIROS ENEDRA!! (Trampa de Zafiro)

 

Los dos colmillos coinciden contra algo en las tinieblas. En poco tiempo aquel extraño brillo retorna a la caverna. Hyôga divisa ahora a las dos fieras caídas cerca de sí. Tenían un brillo oscuro de Zafiro Estrella: eran las piezas en forma de canes malignos que se apoyan sobre los hombros del Adamas. Antes, el Saint creía que su adversario se imponía por la fuerza, atacando por contacto físico, pero en ese momento tenía claro que él manipula a esos “canes” a través de la psicoquinesia. Así, puede atacar a lo lejos, una habilidad perfecta para la oscuridad.

 

-Orthos... veo que posees la capacidad de mover objetos con el pensamiento -dice Hyôga.

 

Las piezas de canes malignos están atrapadas en el suelo por círculos de hielo. Ni la misma cinesis de Orthos consigue mover a sus dos cabezas congeladas.

 

-Es el KOLISO, Círculo de Hielo -explica Hyôga-. Coloqué correas en tus canes de guardia.

 

-¿Pero cómo descubriste la posición de ellos en esta oscuridad?

 

Hyôga agita los brazos, que centellean en cortinas de hielo, envueltas en finísimas membranas de energía helada.

 

-¿Pensabas que vencerías a un Saint limitando su visión? -Hyôga necesitó apenas el sutil sonido de las cortinas de hielo quebrándose para localizar y capturar a los dos canes malignos. Entrenado en Siberia Oriental, cuyo invierno es un mundo prácticamente sin sol, el Cygnus Saint fue instruido por su maestro Camus, a luchar en las tinieblas.

 

Hyôga avanza, colocándose a un paso de Orthos.

 

-¡¡Recibe el ataque de Cygnus!! -en una fracción de segundo el puño derecho de Hyôga genera una onda circular de frío-. ¡¡KHOLODNYJ SMERCH!! (Chorro de Agua Glacial).

 

El ataque arranca el yelmo de Adamas y un huracán helado levanta alto el cuerpo pesadísimo de Orthos, alcanzándolo con fuerza contra el techo de la caverna, al mismo tiempo en que forma una columna de hielo con más de diez metros de altura.

 

-Quédate ahí para siempre- dice Hyôga, antes de darle la espalda al Giga congelado.

 

Pero un estruendo hace que el Cygnus Saint voltee de nuevo rápidamente. El cuerpo de Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo, rompe la columna de hielo, cayendo al suelo.

 

-¿Él no tiene rostro?

 

Delante de los ojos incrédulos de Hyôga, bajo el yelmo arrancado por el Kholodnyi Smerch, no había cabeza. Era un Giga acéfalo.

 

-No... ¡Ese no es un Giga!

 

Gritando como una fiera, Orthos coloca sus brazos en el suelo, posicionando sus cuatro extremidades en contacto con la tierra. En el espacio vacío dejado por las hombreras, dos cabezas de can surgen como si la armadura fuese el caparazón de una tortuga.

 

Ni el mismo Hyôga consigue esconder el espanto delante de la visión horrorosa.

 

-Pero esto es...

 

El monstruo de la mitología, exactamente como era descrito. Delante de él, está un can de dos cabezas, exhalando maldad, cubierto por una armadura de Adamas. Su porte es el de un oso gigantesco. Pasando de bípedo a cuadrúpedo, Orthos alcanza a Hyôga con una velocidad incomparablemente mayor al del ataque anterior. Las dos cabezas malignas muerden los brazos de Hyôga, con Cloth y todo. No sueltan la presa, actúan como canes entrenados. Orthos ahora es una fiera desprovista de razón.

 

-¡Tú no eres... Nunca fuiste... un Giga hijo del dios! -a pesar del dolor, Hyôga consigue liberar los brazos de los colmillos de los canes malignos.

 

Como una fiera enloquecida, Orthos lame placenteramente la sangre de Hyôga alrededor de sus colmillos.

 

-Eres un monstruo deforme creado por una jugarreta horrorosa de Typhon -dice el Saint herido, juntando sus manos a su frente y levantándolas, con la fuerza que le queda, los brazos dilacerados.

 

El “KI” helado llena el aire. Reaccionando al cambio, Orthos avanza nuevamente hacia Hyôga. Al descender los brazos que había colocado sobre la cabeza, Hyôga lanza el Cosmo acumulado dentro de sí, imposible de ser detenido y explosivo, la más poderosa de las técnicas de combate de hielo -lLa técnica que el Saint heredó de su maestro, Camus.

 

-AURORA EXCUTION (Ejecución de Aurora)

 

En el mismo instante todo se congela. El frío infinitamente próximo al cero absoluto apaga el brillo del Zafiro Estrella del color de las tinieblas. El Adamas pierde su energía mística y ahora no pasa de una armadura exageradamente pesada. Hasta la voz del monstruo demoníaco, una mezcla de lágrimas y rugidos, se congela instantáneamente.

 

Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo es reducido a astillas de hielo y se desmorona en pedazos. Pero el precio de la victoria es alto. Después de convertir toda su energía vital en frío y el transformar la caverna en una gruta de hielo, el guerrero silencioso cae en sueño.

 

-Cronos (Parte 3)-

 

-¡¡ROZAN SHÔ RYÛ HA!! (Supremacía del Dragón Ascendente de Rozan)

 

Canalizando todas las fuerzas del cuerpo, el ataque del Dragon Saint alcanza con todo a Ladon, el Dragón de cien cabezas y lo lanza contra una columna de piedra de la caverna.

 

-¡Huye, Mei! -dice nuevamente Shiryû a su hermano.

 

-No mueras, Shiryû.

 

-Yo iré después. Lo prometo.

 

Aceptando con la cabeza, Mei sale por una gran salida con rocas puntiagudas, la cavidad bucal de una fiera colosal, rumbo a un corredor que lo lleva a un lugar aún más profundo, en las entrañas de la Tierra.

 

Shiryû concentra su Cosmo hasta no oír más los pasos de Mei, conduciéndolo enseguida en la dirección del enemigo. Varios pedazos de columna de roca, tan grandes que serían necesarios dos brazos para envolverlos, son destruidos, reducidos a polvo y se suman como partículas por el aire.

 

-¡¿Qué...?! -delante del sonido inusitado de las piedras siendo trituradas, el Saint ciego asume posición de defensa.

 

-Tú eres el Dragon Saint...

 

-¿Por qué hablas como si me conocieras?

 

-Porque te conozco desde cuando las estrellas nacieron en este Universo -responde el monstruo, revelando su cuerpo tenebroso. Su Adamas con nebulosas de estrellas multicolores emite el brillo de ópalo del color de las tinieblas -mi nombre es Ladon, el Dragón de Cien Cabezas.

 

-¿Qué...? -Shiryû retrocede, vacilante-. ¡Nunca me enfrenté a un enemigo con un Cosmo tan poderoso, tan avasallador! Y no es sólo eso...

 

-Yo también siento tu Cosmo, Shiryû.

 

-Tu Cosmo es igual al mío... -balbucea Shiryû, perturbado delante de las sensaciones provocadas por la presencia de Ladon. El Cosmo del monstruo tiene el mismo tono, la misma resonancia del suyo.

 

-Yo la conozco. Conozco la estrella de tú destino -afirma Ladon.

 

-¿Mi estrella...?

 

-La Estrella Celestial del Dragón.

 

Al oír esas palabras, Shiryû recuerda una antigua fábula. Ladon es el nombre del monstruo de la mitología griega, el Dragón que nunca duerme, guardián de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, situado en el umbral entre el día y la noche.

 

-Según las leyendas... -dice Shiryû para sí- Ladon fue elevado a los cielos...

 

-¿Pero cómo es posible? -reacciona el joven, perplejo-. ¿Entonces estamos protegidos por la misma constelación?

 

-Los humanos divisan las estrellas de los humanos -explica el monstruo-. Los Gigas divisan las estrellas de los Gigas. Tú y yo tenemos los mismos destinos estelares, pero bajo la protección de dioses diferentes. Somos, por tanto, enemigos naturales... inevitablemente obligados por el destino a enfrentarnos. Por eso dejé que Mei se fuera. Aquel humano frágil que fue marioneta de mi padre ya fue derrotado por mí. Él está ciertamente herido, es un inútil agonizante. Jamás conseguirá llegar al punto más profundo de este Templo subterráneo, la transición entre Gaia y el Tártaro.

 

-¿Estás diciendo que entonces dejaste huir a Mei?

 

A pesar de ser alcanzado por el Rozan Shô Ryû Ha, el Cosmo de Ladon se eleva aun más.

 

-Dime, Dragon Saint, por lo que estoy viendo, tú no puedes ver. ¿Athena es vil al punto de otorgar un Traje Sagrado a guerreros en esas condiciones?

 

-Sé que me subestimas por no poder ver, está bien. ¡Pero no admito que ofendas a Athena! ¡Si mi alternativa fuera temblar frente a la ceguera y abandonar mi orgullo de guerrero, prefiero mil veces una muerte digna!

 

-Silencio, humano. Inteligencia al servicio de artimañas rastreras, raza forjada en la mentira y la falsedad. La guerra entre los Gigas y los humanos no necesita razones -proclama Ladon-. La batalla entre los dioses, dotados de la Gran Voluntad, es una guerra absoluta, en busca de la única verdad que existe en el universo. Y, Shiryû, basta un guerrero para cumplir el destino de nuestra constelación.

 

-Tú y yo nacimos bajo la misma estrella...

 

-Tú, Shiryû, Dragon Saint.

 

-Y tú, Ladon, el Giga con el nombre del Dragón.

 

-Vas a morir. No necesitamos de motivos. Tu existencia es desagradable.

 

Pero Shiryû no se deja derrotar tan fácilmente. Gracias al Traje Sagrado bajo la protección de la Sangre de Athena, el Saint es capaz de romper el “temor” del dios de los Gigas, convirtiendo su lealtad a la diosa en fuerza.

 

-Quienes deben morir son dioses malignos como Typhon, que bloquea al mundo con cenizas. Yo, Shiryû, voy a inflamar mi alma para luchar por Athena y por la paz en la Tierra.

 

-Vas a morir -insiste Ladon, Poniendo los pies en la tierra-. ¡Y voy a devorarte!

 

El brazo derecho de Adamas, representando la cabeza del Dragón maligno. Suelta un rayo de luz que atraviesa la caverna. Se escucha el sonido de algo resonando, seguido por el estruendo del desmoronamiento de la pared atrás de Shiryû. La onda de choque, idéntica a la que atravesó a Nicole, fue desviada por el Dragon Saint.

 

-Ese escudo... -Ladon observa el escudo que repele el mal.

 

-Dice que la Gran Cascada de Rozan está formada por polvo de estrellas de la Vía Láctea que cayó del cielo -describe Shiryû-. El Traje Sagrado de Dragón permaneció en reposo en el lecho de esa cascada, bañado por el peso aplastante de las aguas de galaxias, desde los tiempos inmemoriales. Por eso el escudo de la Constelación es el más resistente de los escudos.

 

-No me digas... Un escudo de Dragón.

 

Sin más, Shiryû ataca, haciendo de su propio cuerpo su arma.

 

-¡¡¡ROZAN RYÛ HI SHÔ!!! (Dragón Volador de Rozan)

 

Pero el gigantesco Cosmo de Ladon repele al Saint, golpeándolo contra el suelo.

 

 Recibe este poder, este cuerpo, de mi padre. Un ordinario humano como tú, jamás podrá tocarlo -Ladon mira a Shiryû con desprecio.

 

-Un simple movimiento de defensa... -dice Shiryû-. Por el dolor parece que todos los huesos de mi cuerpo están quebrados... ¡Qué Cosmo asombroso tiene ese Giga!

 

-No en tanto, parece que necesitaré de algún esfuerzo para romper la defensa de ese escudo de Dragón.

 

Shiryû salta hacia atrás, procurando establecer una buena posición de lucha.

 

-¿Tienes miedo de mí? Pues tu alma será devorada apenas te pongas delante de mi señor. Será mejor para ti morir aquí mismo.

 

Shiryû siente el Cosmo de Ladon expandirse continuamente, en todas las direcciones.

 

-¡¡Sé envuelto por la destrucción!! -grita el monstruo.

 

-¡¡POLIORKIA!! (Asedio)

 

Una declamación de destrucción, auto-suficiente, desprovista incluso de la intención de matar. Una visión poderosa invade el mundo sin luz de Shiryû. Nada importa ahí adelante: el escudo, el Traje Sagrado, ninguna defensa que conozca, ninguna defensa conocida. Imágenes de las tinieblas.

 

-¿Una pesadilla... este es mi futuro...? -piensa el Saint.

 

Un Dragón tenebroso, en forma de un pez abismal, devora el espíritu Shiryû, quien suelta un grito horrorizado.

 

-¿Será que fue demasiada maldad aplicar una ilusión en la mente de un ciego? -pregunta Ladon a Shiryû, quien permanecía paralizado-. Humph. Enloqueció al ver el futuro en el cual es devorado. Cómo es frágil la conciencia humana. No debe estar oyendo más mi voz. ¡Pues bien! Ahora es el turno de darle un fin a su cuerpo y a su Cloth.

 

Ladon lanza una onda de choque igual a la que había atravesado el corazón de Nicole, pero Shiryû consigue bloquear el ataque con su escudo.

 

-Shiryû, ¿aún tiene fuerzas para mover los brazos después de tener el espíritu destrozado por el dragón maligno del Poliorkia?

 

-Ladon... tú dices que los humanos son frágiles. Es verdad. El cuerpo es débil y el espíritu más aún. Pero las personas pueden volverse más fuertes a través de otros. Pueden luchar por los amigos, por aquellos en quienes creen.

 

-Je, je, je -el monstruo se ríe de las palabras del Saint.

 

-¡Ese sentimiento humano es mucho más fuerte que ustedes, Gigas, que sólo se limitan a obedecer al temor de Typhon!

 

Con eso, Shiryû se quita la Cloth de su constelación, despidiéndose de su propio Traje Sagrado.

 

-Sin duda enloqueciste bajo el efecto de las ilusiones del Poliorkia -concluye Ladon.

 

-Ahora que sé que tu ataque alcanza el espíritu, el traje es innecesario -declara el Saint.

 

Un dragón aparece en la espalda de Shiryû en el momento en que se quita la Cloth.

 

-¿Un tatuaje...?

 

No es un tatuaje. El dragón ascendente surge en la espalda de Shiryû cuando el Cosmo de su alma alcanza su punto culminante.

 

-El dragón siempre derrota a su enemigo -aafirma el joven-. Aunque para eso mi alma tenga que quemarse hasta el fin.

 

Su energía vital se vuelve flameante. Apenas los verdaderos dragones son envueltos en ella.

 

-Antes de eso... esta vez, voy a devorar tu alma. ¡¡Voy a extinguirla!!

 

-¡¡Quién va a ser extinto eres tú, Ladon, tú, dragón maligno!!

 

El dragón ascendente adopta como morada el puño de Shiryû, cuyo Cosmo alcanza el límite máximo.

 

-¡¡Destrúyete... POLIORKIA!! (Asedio)

 

-¡¡ROZAN SHÔ RYÛ HA!! (Supremacía del Dragón Ascendente de Rozan)

 

Shiryû no puede ver, pero percibe que el Cosmo del Giga Dragón de Cien Cabezas, que se mostraba tan poderoso, desaparece en aquel momento.

 

-Yo... derroté... a Ladon... -el Saint Ciego se arrodilla, agotado. Fue casi un milagro que haya conseguido lanzar el último Rozan Shô Ryû Ha-. Fue Athena que me dio fuerza... mis amigos, mis hermanos...

 

Con eso el cuerpo de Shiryû cae hacia el frente. Antes de perder la conciencia, se preocupa por el Cosmo de sus compañeros, sintiendo, aunque débilmente, el Cosmo de Seiya y Hyôga. Más al fondo, en las profundidades, consigue sentir el Cosmo de Shun.

 

-¿Dónde estás, Mei...? -las palabras de Shiryû suenan como las de una persona en delirio. Por más que lo intente, no consigue sentir el Cosmo de Mei-. ¿Por qué no consigo sentir dónde está el Cosmo de mi hermano... sangre de mi sangre? Mei...

 

Shiryû usa sus últimas fuerzas para estirar el brazo. La tentativa de buscar a su hermano, pierde los sentidos y cae por allí, echado de brazos.

 

-¡¡Seiya!!

 

La voz de Mei trata de hacer que Pegasus Seiya recupere un poco la conciencia. Su visión esta nublada, no consigue enfocar nada. Tal vez su cerebro lo estaba anestesiando. Siente mal las piernas, destrozadas por la espada de Khimaira, la Bestia Multiforme.

 

-Tus piernas... Luchaste con un Giga hijo del dios, ¿no es así?

 

-Ah, fue fácil.

 

-Je, je. Si consigues exultar así, entonces estoy seguro -dice Mei.

 

-Si no hubieres hecho la locura de invadir solo el escondite de Typhon...

 

-Está bien, fue falla mía.

 

-Sin ti y tu Cloth, Typhon...

 

 Entonces el oficial mayor ya te contó... -Mei hace una pausa antes de continuar-. Nicole murió.

 

-¿Qué?

 

-Mi obligación de Saint es cumplir la misión no concluida de él. Me gustaría cuidar de ti, pero necesito ir donde está Typhon.

 

-Ve. No te preocupes por mí.

 

Mei deja a Seiya con cuidado en el suelo, se levanta y corre sin mirar atrás. Aún entorpecido, prácticamente inconsciente. Seiya intenta captar el Cosmo de Mei, sin éxito. Solo consigue sentir, levemente, el Cosmo de Shiryû, Hyôga y Shun.

 

-¿Por qué, Mei? Acabas de pasar por aquí y no hay señal de tu Cosmo.

 

Seiya intenta llamarlo, pero no tiene más fuerzas para decir el nombre de su hermano.

 

-¡¡Hyôga!!

 

Al oír la voz de Mei, Cygnus Hyôga levanta su rostro lo máximo que puede.

 

-Un Saint de tu nivel... en ese estado tan horrible...

 

-No mires. Son heridas resultantes de mi inmadurez -Hyôga esconde, avergonzado, los brazos cortados por Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo.

 

-Mei, tú estás bien y eso basta. Sin ti y tu traje, Typhon...

 

-¿Hyôga... qué piensas de nuestro padre?

 

-¿Por qué me preguntas eso en un momento como este? -el joven ya no consigue entender las verdaderas intenciones de su hermano.

 

-¿Quién era, para ti, el hombre llamado Mitsumasa Kido? -insiste Mei.

 

-El hombre que yo odiaba -responde Hyôga-. Pero eso cambió... mi madre decía que él era una persona maravillosa, que se empeñaba en la paz del mundo. Yo nunca lo entendí. Ahora... yo no consigo explicarlo bien con palabras... pero, a medida que fui luchando con Athena, con mis amigos, con ustedes, mis hermanos... a medida que fui percibiendo el destino de mí estrella... Mitsumasa Kido se sacrificó por la misión que le fue impuesta por las estrellas. Estoy cada vez más tranquilo con relación a eso.

 

-Gracias, Hyôga.

 

-¿Por qué me lo estás agradeciendo?

 

-Tengo que irme. Voy tras Typhon. Voy a sellarlo -despidiéndose de Hyôga. Mei desaparece de su vista, descendiendo rumbo al punto más profundo de la “Morada de Typhoeus”.

 

Se irrita consigo mismo por su estado actual, incapaz de mover al menos un dedo como le gustaría, Hyôga investiga los alrededores en busca de alguien. Pero una vez, el Saint siente, aunque mínimamente, el Cosmo de sus otros hermanos, pero no hay señal del de Mei, con quien acaba de hablar.

 

-¿Por qué? -el silencioso guerrero de hielo adormece, llevando consiga la extraña duda que le surgió.

 

El altar maligno de tierras extrañas que aprisiona a la mujer serpiente embarazada estremece. El “Capullo del Tiempo” que envuelve a Ekhidna se puede romper en cualquier momento.

 

Un viento...

 

-Orthos -llama Typhon-. Khimaira... Ladon -Typhon engulle algo. Algo que se asemeja a vestigios de Cosmo de otros, reducidos a llamas de auras, transportados por el viento huidizo, succionados por las narices de Typhon dentro de su organismo.

 

-No necesito más de Gigas viejos como mis queridos hermanos -la lengua negra atraviesa los labios.

 

-Tampoco necesito de los hijos Gigas que hice nacer por pura diversión. Basta que yo esté aquí. Soy la prueba de que los Gigas vivieron -completa, siguiendo ácidamente.

 

-Es un Saint de Athena -ardiendo aún más las llamas de la mitad derecha de su cuerpo y haciendo correr más y más los relámpagos de la mitad izquierda, el aún durmiente dios de los Gigas se voltea para atrás -lo viste, Mei. Voy a devorarte.

 

-Cronos (Parte 4)-

 

-¡¡Shun!!

 

El Andromeda Saint, que sacrificó su única arma de ataque para transmitir a Athena la localización de los Gigas, está amarrado a una columna del Templo. No parece estar consciente. No hay nada incluso que confirme que está vivo.

 

Aunque lo esté, ciertamente está sin fuerzas por causa del campo de fuerza de Flegra, al no haber recibido la Sangre de Athena. Es un Cosmo prácticamente apagado por la tempestad de Typhon.

 

-Hasta que llegaste, Mei, mi marioneta -el dios asimétrico vestido con el Adamas de ónix del color de las tinieblas encara al frágil humano con desprecio.

 

Están en una gran gruta, mayor que el Templo sellado bajo el Monte Etna: la "Morada de Typhoeus”. Sobre el altar de tierras extrañas, está clavada una mujer.

 

-¿Esa de allí es Ekhidna? -Mei traga en seco delante de la visión bellísima y al mismo tiempo horrenda del cuerpo de la mujer. Parece una broma de mal gusto de un dios vil. ¿Sería ella una víctima?

 

La mujer tiene cabellos negros y suaves, la piel sedosa, los senos redondos como una diosa de la fertilidad y la cintura espiga un cuerpo femenino impecable. Pero, su mitad inferior fue transformada en serpiente.

 

-¡El Calabozo del Tiempo Estancado...! -Mei sabe el nombre del sello, por eso puede imaginar lo que iría a ocurrir. Aquel “Capullo del Tiempo” no se puede romper. La mujer serpiente, forzada a cargar con el destino de Ekhidna, no debe despertar. La mujer está embarazada: trae en el vientre algo que no debe ser engendrado.

 

-Ekhidna...

 

-Mi forma femenina. La última mujer Giga. Está embarazada de mi verdadero cuerpo carnal. Ekhidna en breve va a despertar.

 

-No lo permitiré -Mei avanza en dirección del gigantesco cuerpo de Typhon. Que se levanta sobre el vacío entre Gaia y el Tártaro.

 

Una centena de serpientes lamen su cuerpo cuando el ventarrón pasa por él. Los cabellos plateados se agitan para atrás. Pero Mei no tiene el “temor”.

 

-¿Tienes la protección de la Sangre de Athena? -Typhon, con la lengua negra afuera, produce un sonido incomodo de viento con sus dedos de la mano izquierda.

 

-El campo de fuerza...

 

-El Campo de Llamas Terrenales es ahora dispensable.

 

Typhon inspira hondo y absorbe, por la nariz, toda la energía que había usado en el campo de fuerza. La tenue luminosidad se disipa y una oscuridad absoluta ocupa todos los espacios de la caverna. El único punto luminoso ahora es el halo de llamas y relámpagos del propio Typhon. Apenas su cuerpo divino ilumina el Templo Subterráneo.

 

De ese ángulo Typhon parece aún mayor. ¿Será una ilusión provocada por la luz? Su figura colosal personifica nítidamente el “temor” de encontrarlo en esta Tierra Sagrada de los Gigas.

 

Mei camina en dirección al Templo.

 

-Cada vez que me aproximo a ti usando el Traje Sagrado...

 

-A cada paso que das, a cada ocasión que me contemplas...

 

-Lo recuerdo.

 

-Lo recuerdo.

 

-El dios de los Gigas.

 

-Guerrero Sagrado de Athena.

 

-Siento el hedor de la sangre podrida de Athena.

 

-Y yo escucho la voz de Athena de tiempos antiguos.

 

-Está molestando. Tira ese Traje Sagrado maculado.

 

Un momento muy breve, formado por ataques y defensas en alta velocidad, rompiendo el propio Templo. Un instinto asesino, oscuro y calado, recorre la atmósfera en todas las direcciones. Los hilos de Orichalcum disueltos en las tinieblas son incinerados por el hemisferio derecho de Typhon y destruidos por el hemisferio izquierdo.

 

El dios de los Gigas balancea las manos para que las llamas alcancen la roca y los relámpagos toquen el techo, las paredes y el piso del Templo, quemándolos, golpea el piso con el pie para provocar ventarrones y con eso ondas de vacío corren ensandecidas por el aire. No hay técnicas o habilidades, apenas un poder divino capaz de estremecer los cielos.

 

Agitando los grandes escudos de sus dos brazos, Mei consigue esquivar dos ataques del dios gigante.

 

-Mei, mi marioneta. Me estoy divirtiendo. Al final, no eres tan fuerte.

 

Aunque aún incompleto, Typhon es un dios. Un frágil humano jamás podría igualar su fuerza.

 

-Mei, mi marioneta. Esto es divertido.

 

-¿Cuál es la gracia?

 

-Ahora tú eres constelación sin estrellas y recordando la sangre amalgamada a ese traje maculado... tú eres marioneta de Athena.

 

-No soy marioneta.

 

-¿Cuál es la diferencia entre Athena y yo? Yo guío por el temor. Athena esclaviza por el amor. Los guerreros de los dioses, escogidos por las estrellas, luchan y dan la vida por la Voluntad Divina.

 

En ese momento, Typhon exhala su energía vital. Mei es lanzado contra una pared por el “Kiai” liberado en todas las direcciones, llevando consigo sus escudos y toda el Cloth. Los dos ojos de Typhon brillan más intensamente en la oscuridad, encarando a Mei. La mirada maligna se fija en las piernas de Mei, creando una onda de destrucción asesina.

 

Mei pierde el habla. Su pierna izquierda está quebrada. Peor, fue arrancada del cuerpo.

 

-¿Qué me dices? ¿Aún estás soberbio diciendo que no eres una marioneta? -Typhon ironiza a Mei.

 

Apoyando en la pared, Mei permanece en pie con la pierna que le resta y mira el muslo de la pierna izquierda que ya no tiene.

 

-¿Qué ocurre con mi cuerpo? -se pregunta el joven.

 

-¿Por qué no sangra casi nada? -dDe hecho, la débil hemorragia no parece proporcional a la gravedad de la herida-. En la batalla que enfrentó antes de venir aquí, fuiste derrotado, perdiste bastante sangre y saliste semimuerto. O muerto -el monstruo se refiere a la lucha con Ladon, el Dragón de Cien Cabezas.

 

-Yo fui un tonto y me precipité. Perdí -recuerda Mei. Sin duda sangré mucho en aquel enfrentamiento, pero aún así tuve fuerzas para testificar la muerte de Nicole y, animado y salvado por el Cosmo de mis hermanos, Shiryû, Hyôga, Seiya y Shun, y bajo la protección de la sangre de tiempos antiguos de Athena, conseguí llegar al final delante de Typhon para cumplir el destino de la Cloth de Coma.

 

-Los frágiles humanos mueren al perder un tercio de su sangre -continúa el dios de los Gigas-. Pon la mano sobre tu corazón. Siente tu pulso.

 

Mei no consigue creerlo: no hay señal de pulsación o latidos cardíacos.

 

-Un ser humano que habla después de perder toda su sangre... ¿si no eres una marioneta, qué eres entonces?

 

-Una constelación sin estrellas y la memoria de sangre amalgamada en un traje maculado.

 

 Eres una marioneta de Athena.

 

-Mi voluntad se debe estar evaporando mientras digo estas palabras. Mi Cosmo...

 

-Llegó la hora. El tiempo se termina.

 

-Cronos (Parte 5)-

 

El dios de los Gigas deja a Mei suelto en el suelo y camina en dirección del altar. Observa con mirada de pura lujuria a la última de las mujeres Gigas, la forma femenina escogida.

 

-Ekhidna...

 

¿Por qué la mujer Giga no es diezmada por el temor al ser su nombre pronunciado por el dios a quien le rinde culto? ¿Será por causa del lacre del Calabozo del Tiempo Estancado? Lo más probable es que Ekhidna no sea su verdadero nombre, y sí un apodo de desprecio dado a una pobre mujer que tiene la mitad de su cuerpo transformado en una serpiente en una jugarreta siniestra de un dios.

 

-Aquí estoy -Typhon dirige la voz a la barriga de Ekhidna-. Mi verdadero cuerpo carnal.

 

En ese momento se rompe el capullo temporal, la bolsa fetal. El vientre de Ekhidna se empieza a mover. Sus largos cabellos ondulan. Su piel sedosa comienza a hacerse levemente roja. Los senos redondos balancean y la cintura fina se mueve de forma seductora.

 

-¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!! -la mujer grita con los dolores del parto.

 

La cría rasga por dentro la barriga de la serpiente. No tiene cabeza. Aquel ser hecho únicamente de cuerpo, parecido a un feto, el verdadero cuerpo de Typhon, es una gran piedra preciosa, aún más transparente que el cristal. El brillo del Adamas es del diamante del color de las tinieblas: cornalina.

 

-Mi verdadero cuerpo carnal -Typhon se llama así mismo.

 

Se mueve a Voluntad Divina del dios gigante de las tempestades. De la misma forma que ocurrió en el Monte Etna, cuando se transfirió del cuerpo de Mei hacia el del Sumo Sacerdote Enkelados, su aura ahora se transfiere para el receptáculo de Adamas de tinieblas.

 

Pero, antes que consiga realizar la operación, el altar es envuelto en llamas. En el Templo Subterráneo cercado por las tinieblas, donde hasta hace poco él mismo era la única fuente de luz, Typhon para, iluminado por las llamas que incendian el altar.

 

Su voluntad está congelada. La forma femenina de Ekhidna es consumida por las llamas infernales de Karma, delante de sus ojos, sin que pueda hacer nada. Los largos cabellos de la mujer se queman, la piel está en ebullición, el aire caliente aspirado por los pulmones corrompe la carne por dentro.

 

-¡¡¡¡HÔ YOKU TENSHÔ!!!! (Vuelo Celestial de las Alas del Fénix)

 

Todo eso fue transformado en cenizas por el batir flameante de esas alas. El receptáculo de Adamas que rompió la barriga de serpiente, frágil y vacío, inmediatamente se transforma en carbón y se pierde en forma de cenizas.

 

-¿Dónde está mi verdadero cuerpo carnal? -la Gran Voluntad está durante unos momentos vacilante, sin destino.

 

-¡¡Ikki!! Eres tú... -Mei reconoce al Saint por la cicatriz que tiene en la frente. El superviviente del infierno, envuelto por el aura del Ave Inmortal. El espíritu inamovible, el más fuerte de los hermanos que Mei conociera.

 

-Tú eres el Saint de la Constelación de Fénix -dice Mei, levantando el cuerpo apoyado en la pared.

 

-Tú eres Mei. ¿Pero por qué no siento tu Cosmo?

 

-Dicen que el Cosmo recorre la corriente sanguínea -explica Mei, hablando casi apenas para sí mismo-. Yo perdí hasta el vínculo de sangre... -Mei sonríe para Ikki, el sobreviviente que hace mucho ya no sabía sonreír.

 

-¡¡¡Todos morirán!!! -con eso estalla la Gran Voluntad de Typhon. Todo comienza a quemarse y a destrozarse. Typhon, que hasta ahora preservaba la apariencia divina, entra en un espiral creciente y deformado de locura, como un tifón sin el ojo.

 

-Llévate a Shun y sal de aquí -dice Mei.

 

En medio de la tempestad de Typhon, Ikki arranca las cadenas que aprisionan a su hermano materno y, después de certificar que estaba respirando, lo carga en hombros.

 

-¿No vas a preguntarme nada?

 

-¿A ti, que ya moriste? ¿Qué le preguntaría a un hombre muerto?

 

-Ikki... tal vez ya haya perdido hasta los lazos de sangre que nos unían. Aun así, sólo puedo pedirte una cosa. Cuida de mis hermanos -Mei sonríe.

 

Fénix, el Saint que no sonríe, sale callado con Shun.

 

El Guerrero de la Constelación de Coma, el portador del Traje Sagrado sin jerarquía, los observa hasta que salen de su campo de visión y, enseguida, se voltea hacia el dios.

 

Los rizos de Hilos de Orichalcum, totalmente ajenos a la voluntad de Mei. Habían crecido hasta la pierna arrancada y la recogieron, trayéndola junto al joven. Los hilos cierran las heridas y suturan la amputación.

 

Mei se levanta y camina en dirección del dios de los Gigas, que corre, desesperado por el recinto. En el Campo de Batalla de la Gigantomaquia están solamente Mei, Typhon y las cenizas de la destrucción. El mundo del Saint está en el más absoluto silencio.

 

“Finalmente escucho la voz de las estrellas”, piensa.

 

-Deus Ex Machina -dice entonces-. Tú eres un “dios por medio de una máquina”.

 

Mei controla los hilos cortantes que se mezclan en las tinieblas.

 

-Deus Ex Machina-

 

La actividad volcánica que se había manifestado en diversos puntos del mundo comienza a retraerse y contenerse. Los Guerreros Cygnus Hyôga Dragon Shiryû retornan respectivamente a Siberia Oriental y a Rozan para recuperarse de sus heridas. Phoenix Ikki, quien salvó a sus hermanos en la “Morada de Typhoeus”, desaparece nuevamente hacia algún lugar desconocido. Seiya permanece con Shun en el Santuario.

 

El Odeón, teatro a cielo abierto situado en una colina al noroeste de la Acrópolis, con capacidad para seis mil personas, recibe esta noche al teatro clásico griego. La pieza a ser interpretada es nuevamente la Trilogía Orestiada, de Esquilo.

 

Orestes, el matricida, hijo de Agamenón, Rey de Micena -asesinado por su esposa, la Reina Clitemnestra, por haber ofrecido a su hija en sacrificio para vencer la Guerra de Troya, un crimen hediondo y trágico. Perseguido por las temibles diosas de la venganza, las Erinias.

 

Condenado a la locura y forzado a años de vida errante, Orestes nuevamente consulta al Oráculo de Delfos y, siguiendo sus órdenes, se somete a juicio en Atenas, por el crimen del matricidio.

 

La diosa de la guerra y la sabiduría, protectora de la ciudad de Atenas, preside el juicio del cual participan las denunciantes, las tres diosas de la venganza y el defensor, Apolo, dios de Delfos. Otros importantes dioses descienden a la Tierra para asistir a la sesión.

 

Los votos de los jurados se dividen en números absolutamente iguales entre los que pedían la condenación y la absolución. No obstante, gracias a la espectacular defensa del articulado Apolo, la diosa virgen Athena da el voto de desempate a favor de la absolución de Orestes.

 

Insatisfechas, las diosas de la venganza aún intentan perseguirlo, pero Athena interviene a su favor. Orestes es finalmente libre de la locura de su crimen. Fin.

 

-¡¡Grandioso!! -Shun está impresionado con la presentación-. Puedes despertar, Seiya.

 

-Hummmm... Ahh, ¿acabó? -el Pegasus Saint bosteza levemente.

 

-¿Qué te pareció?

 

-¡¡Perfecto!! -Seiya está mintiendo claramente.

 

“Perfecto, pero durmiendo todo el tiempo...” piensa Shun, levantando los hombros.

 

-Fue perfecto, pero la próxima vez me invitas a asistir a una pieza más divertida.

 

-La próxima, va a ser una comedia.

 

Los dos Saints respiran hondo el aire nocturno y miran hacia el cielo, aún opaco por causa de las cenizas esparcidas por el dios de los Gigas.

 

-Aún va a llevar un buen tiempo para que desaparezcan los efectos de las cenizas de Typhon...

 

-Tú eres un “dios por medio de una máquina” -dice Mei.

 

Los dos escudos laterales del Cloth de Coma lanzan centenas de millares de hilos cortantes. Poco a poco, los escudos en forma de lágrimas pierden la forma. Los brazos, el pectoral, todo el Traje Sagrado se está deshaciendo. Los hilos cortantes se mezclan con las tinieblas del gigantesco espacio vacío del Templo Subterráneo, rellenando el espacio como un capullo de un bicho de seda. Typhon está aprisionado, suspendido en el aire por los hilos que atraviesan todo su cuerpo.

 

-El tiempo se detiene -ddeclara Mei-. O la sangre de tiempos antiguos de Athena, amalgamando el Traje Sagrado. O entonces las estrellas.

 

Este ya no es el Templo de los Gigas. Es el Templo del Sello de Athena.

 

-La prisión del Templo Estancado. Typhon, yo soy el sello.

 

El “Capullo del Tiempo” que envuelve a Mei y Typhon es el lacre de tiempos inmemoriales de Athena.

 

-¿Tú, me sellarás? -duda Typhon, burlándose-. ¿Por cuánto tiempo un humano frágil como tú podrá detenerme? ¿Cien años? ¿Mil años? ¿Diez mil años? Para mí, para la Voluntad Divina inmortal, eso no pasará de un breve momento, un cerrar de ojos.

 

-Un breve momento. En este calabozo en el vacío entre Gaia y el Tártaro. Vamos a pasar este momento eterno juntos cayendo en este abismo.

 

-Que sean cien años, mil, diez mil. En algún momento este “Capullo del Tiempo” se romperá. Entonces mi voluntad estará libre. Y, cuando ese día llegue, aunque el Traje Sagrado bañado con la sangre de Athena aún esté por aquí, tú, que ya estás muerto en esta encarnación, ya no estarás más.

 

-Es el destino.

 

-Un destino mezquino.

 

-Las estrellas no se olvidan -es el deseo de Mei. Basta que haya paz sobre la Tierra como prueba de que los Saints vivieron.

 

-¿Por qué me contradices?

 

-Typhon, Deus Ex Machina, fuiste tú quien empezó la conversación primero. Fuiste también el que dijo que no necesitaba razones. Por eso, esta es la Gigantomaquia. Esta es la batalla que no tiene sentido dejar en la historia.

 

-Entonces... dormiré por un breve instante de un cerrar de ojos.

 

En ese instante, una estrella más se desgarra del firmamento y cae. Es de noche en el Santuario. En la cima de la montaña, está el más límpido Templo de Athena. La doncella de cabellos agrisados, elegantemente vestida con un vestido blanco, está de pie en el punto más alto de la Región Sagrada. Su cuerpo y su espíritu fueron confiados a la bóveda celeste, recipiente del universo.

 

-Si ese es mi destino... -Athena mira hacia las estrellas.

 

Toma las nostálgicas memorias que derrama de su corazón y las levanta cariñosamente hacia el firmamento, donde debería estar la constelación sin estrellas.

 

-Yo haré mi papel. La voluntad de Athena.

 

Es lo que debe hacer, por el Amor y por la Justicia sobre la Tierra.

 

Fin.

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Epílogo.

 

Comencé a diseñar Saint Seiya para que sea un manga como ninguno había hecho antes, situado en una escala grandiosa y totalmente volcado al entretenimiento.

 

Enfrenté una serie de dificultades en los primeros momentos. Cuando la serie comenzó, los Guerreros Sagrados, el Cosmo, el Santuario, el enfoque basado en la mitología griega, todo eso fue considerado difícil para los lectores.

 

Yo pasaba todo el tiempo recorriendo el ambiente de trabajo y cada episodio agotaba todas mis ideas, de forma que, en la semana siguiente, tenía que empezar de cero. Estaba completamente exhausto.

 

Felizmente, la serie fue haciéndose un suceso y, cuando la primera edición de libros de la serie superó un millón de ejemplares vendidos, pude sentir de verdad una grata sorpresa. Desde entonces, he recibido voces de apoyo del mundo entero.

 

Hoy, nuevamente grandes proyectos relacionados con Saint Seiya están siendo iniciados, uno de ellos es esta novela de la serie. Aún hoy esta recibe apoyo. No podría haber recompensa mayor para un autor. Espero que usted aún continúe acompañando el universo de los Saints por mucho tiempo.

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